Salvador Illa ha puesto rumbo a California en un momento de máxima debilidad parlamentaria. El viaje oficial, que busca reactivar el hermanamiento histórico de 1986 entre este Estado norteamericano y Cataluña, parece más una maniobra de distracción que un hito diplomático. Mientras el president se fotografía en San Francisco, los problemas reales de la comunidad autónoma se quedan en tierra sin solución aparente.
La semana en la que Illa aterriza en Estados Unidos coincide con el estallido de un nuevo conflicto educativo. Los maestros han vuelto a las calles para protestar contra un acuerdo que consideran insuficiente y excluyente. La conselleria ha optado por pactar solo con los sindicatos afines, ignorando a las mayorías representativas del sector escolar.
A esta crisis laboral se le suma un escándalo de espionaje que ha dejado al Govern en una posición insostenible. La denuncia por la infiltración de agentes de los Mossos d’Esquadra en asambleas sindicales ha dinamitado la confianza en el cuerpo. La izquierda radical y los socios de investidura exigen responsabilidades que Illa todavía no se atreve a asumir.
La figura de Josep Lluís Trapero vuelve a estar en el centro de la diana política. Tanto la oposición como los aliados del ejecutivo exigen el cese fulminante del director de los Mossos por este presunto espionaje político. El PSC, fiel a su estilo de evitar el desgaste, prefiere guardar un silencio cómplice mientras la tensión social aumenta.
Por si fuera poco, la gestión de la seguridad en las aulas ha generado un enfrentamiento directo con el sector docente. La propuesta de Núria Parlon de introducir agentes en centros conflictivos ha sido vista como un ataque a la autonomía de los colegios. La consellera de Interior deberá dar explicaciones ante un Parlament que ya no se conforma con frases vacías.
En este clima de inestabilidad, la delegación catalana se reunirá en Sacramento con representantes del Senado californiano. El conseller de Exteriores, Jaume Duch, y la titular de Universidades, Núria Montserrat, forman parte de una comitiva que busca blindar acuerdos vigentes desde 2015. Es la diplomacia de escaparate en tiempos de crisis profunda en casa.
La agenda institucional incluye un encuentro con la vicegobernadora Eleni Kounalakis y la presidenta del Senado, Monique Limón. Son reuniones de alto nivel que, difícilmente, aliviarán el malestar de los ciudadanos catalanes que sufren la parálisis administrativa. El Govern intenta vender «impulso» exterior cuando sufre un frenazo en seco en las políticas domésticas.
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