Ignacia de Pano se ha consolidado como una de las voces más firmes y lúcidas en la defensa del constitucionalismo en Cataluña. Empresaria catalana, colaboradora habitual en medios como Vozpópuli y esRadio, su presencia mediática va mucho más allá de la opinión: es un auténtico ejercicio de resistencia democrática frente al discurso separatista que desde hace años pretende imponer una visión unilateral y manipulada de la historia y la identidad catalana. Y, además, es una gran persona y puedo dar fe de ello.
Ignacia, que es un auténtico torbellino en Twitter, ha conseguido una notable legión de fans entre los opinadores de Madrid, como Santiago González, Federico Jiménez Losantos o Asís Timermans, que reconocen su gran labor como defensora de los derechos civiles en Cataluña frente a los abusos del separatismo que intentan convertir a millones de catalanes en ciudadanos de segunda. Yo siempre le agradeceré al apoyo que nos ha dado, tanto a la labor periodística de elCatalán.es, como la de publicación de libros desde Ediciones Hildy.
Una de sus grandes virtudes es la capacidad de desentrañar las medias verdades – o sea, falsedades – sobre las que se ha construido buena parte del relato secesionista. En sus intervenciones ha sido tajante al señalar cómo el independentismo ha tejido una narrativa basada en falsedades históricas, manipulaciones emocionales y victimismo. En sus apariciones en esRadio, especialmente junto a Federico Jiménez Losantos, ha puesto el foco en la desprotección que sienten muchos catalanes constitucionalistas.
No ha dudado en criticar con contundencia a aquellos partidos que a su juicio han traicionado a los ciudadanos que creen en la Constitución y en la igualdad de derechos. Para De Pano, no se trata de una cuestión ideológica, sino de justicia democrática: quien defiende el Estado de Derecho no puede permitir concesiones que debiliten la unidad y la libertad.
Tampoco ha rehuido el cuerpo a cuerpo con los defensores del separatismo más radical. En debates televisivos, como a los que acudió hace unos años en 8TV, Ignacia se batió el cobre ante algunos de los voceros más fanáticos del secesionismo. Y lo hizo con educación, buen hacer y dejando el listón del constitucionalismo bien alto. Uno de sus mensajes más poderosos es el que lanza a quienes resisten desde dentro de Cataluña: los catalanes constitucionalistas, dice, son los mejores españoles, porque han optado por lo difícil cuando lo fácil habría sido callar o marcharse.
Su defensa de una educación bilingüe, de la libertad lingüística y del derecho a vivir sin miedo en una sociedad plural y abierta va calando entre una ciudadanía cada vez más cansada de imposiciones. Su tono, directo pero nunca incendiario, la convierte en una comunicadora eficaz. No insulta ni caricaturiza, pero no deja pasar una sola falsedad sin rebatirla. Su mensaje es claro: no se puede construir convivencia sobre la base de la mentira, ni democracia sobre la exclusión.
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