Iceta y el supremacismo catalanista

Miquel Iceta no contempla la posibilidad de que Inés Arrimadas llegue a ser presidente de la Generalidad: “O el presidente soy yo o lo es un independentista”.

Tras la contundencia de la afirmación se evidencia, por una parte, la falta de una izquierda no nacionalista capaz de ampliar el perímetro electoral del constitucionalismo, y por otra, esconde un tufo supremacista impresentable.

1.NECESIDAD DE UNA IZQUIERDA NO NACIONALISTA.

¿Qué evidencia la afirmación de Iceta cuando asevera, que de ganar los constitucionalistas sólo él puede ser presidente? Evidencia que en Cataluña sólo puede ser presidente de la Generalidad un catalanista. Si Cs y el PPC no lo son, o no se declaran como tal, ni uno ni otro podrían encabezar un Gobierno de la Generalidad si por si solos carecieran de mayoría parlamentaria. Aun cuando Inés Arrimadas pudiera llegar a ganar las elecciones, o ser la más votada de los tres partidos constitucionalistas en liza (PPC, Cs y PSC). Tales consecuencias, deducidas de la afirmación de Iceta, demuestran que el catalanismo es clasismo, y el líder del PSC participa de forma natural de esa herencia supremacista por el mero hecho de formar parte de la atmósfera catalanista.

Resumiendo, el PSC solo es constitucionalista en la medida que la etiqueta incluya necesariamente el catalanismo. O lo que es lo mismo, excluya a cualquier formación que cuestione sus consecuencias: (modelo de escola catalana, relaciones bilaterales, condonación de la deuda, federalismo asimétrico, modelo de financiación similar al concierto y el cupo vascos, agencia tributaria propia, anulación de la sentencia constitucional sobre el actual estatuto para disponer de un TSJC como última instancia judicial… plurinacionalidad, monolingüismo institucional en Cataluña y multilingüismo para el resto de España). Miquel Iceta, en lugar de cuestionar el modelo, deja claro que pertenece al régimen. Y esto le permite ser investido presidente, tanto por los votos constitucionalistas, como por En Comú Podem, o cualquier otro cambalache con cualquier otro partido de origen catalanista. Por mucho que se empeñe en campaña afirmar que con ERC ni a la esquina, no nos confundirá.

Ante este escenario clasista, o Inés Arrimadas se convierte al catalanismo (sería el fin de la esperanza en una Cataluña posnacionalista) o si quiere gobernar como constitucionalista ha de contar con un centro Izquierda no nacionalista que suplante al PSC para romper el perímetro electoral catalanista y atraer a sus votantes a una izquierda de adscripción española capaz de romper el empate técnico entre nacionalistas y constitucionalistas. En estas elecciones no podrá contar con él, porque no se ha presentado. Explicaba esta anomalía catalana con más detalle la semana pasada.

2.TUFO SUPREMACISTA.

A la vez que Iceta afirma esa evidencia, deja en la arrogancia un tufo supremacista que echa para atrás. Ese tufo supremacista no es privativo del nacionalismo más recalcitrante, forma parte de una atmósfera catalanista que lo envuelve todo y es el salvoconducto para resolver cualquier posición de dominio en cualquier orden de la vida en Cataluña. Él también respira ese aire viciado porque forma parte de su educación sentimental, y desde él, con buena conciencia, es capaz de afirmar, que, aunque Inés Arrimadas gane las elecciones, nunca reconocería su derecho a formar gobierno y presidir el Gobierno de la Generalidad.

Es evidente, que si el bloque constitucionalista (PSC, PPC y Cs) gana las elecciones y tiene 68 escaños o más por sí mismo, nadie puede impedir que forme gobierno, e Iceta no tendría razón democrática alguna para no reconocer la presidencia a Inés Arrimadas; pero si, aun así, sólo se considerase a sí mismo como el único candidato para poder formar gobierno, es que en realidad Iceta, como cualquier amo de la masía, actúa desde un supremacismo clasista, xenófobo, incompatible con el reconocimiento de la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Seguramente solo sea una pulsión inconsciente; en cualquier caso, clasismo impúdico, maloliente, impresentable.

Esto me lleva a recordar otra evidencia, que la sociedad catalana se niega a plantearse al catalanismo como fuente del mal. De ahí salió el nacionalismo y de éste el independentismo. Puede que a mediados, finales del Siglo XIX fuera una iniciativa cultural necesaria para recuperar la lengua catalana y reivindicar una manera localista de ver España, pero enseguida se transformó en una ideología política del resentimiento y el odio con la Lliga de Prat de la Riba“Calia acabar d’una vegada aquesta monstruosa bifurcació de la nostra ànima, calia saber que érem catalans i que només érem catalans, sentir lo que no érem per a saber clarament, fondament lo que érem, lo que era Catalunya. Aquesta obra, aquesta segona fase del procés de nacionalització catalana, no la va fer l’amor, com la primera, sinó l’odi”. (1906. La nacionalitat catalana, pág. 41. Prat de la Riba).

Olvidar esas raíces es ocultar la causa de nuestros males actuales. El resentimiento de Prat de la Riva dio sus frutos xenófobos y racistas en 1922 con Estat català de Francec Macià y estuvo en la base de las aventuras criminales de Lluís Companys en la II República. Aunque así no se vea. Es curioso que exabruptos craneales tan racistas como los del Doctor Robert o las acciones criminales del expresidente Companys se tomen como modelos para erigir monumentos a los padres de la patria. El catalanismo está en la base de todo, pero es un tabú cuestionarlo. Recuerden, vivimos en sociedades cívicas, hijas del derecho, no de los derechos históricos, ni de las emanaciones toxicas de las emociones identitarias, como el catalanismo. No jodan más con la democràcia para taparlo, para negarla.

El catalanismo incapacita para aceptar la realidad. El atrevimiento de la investigadora de la Universidad Pompeu Fabra, Verónica Benet-Martínez, poniendo de relieve la incapacidad de tantos nacionalistas para aceptar la realidad a pesar de las evidencias, nos prueba que el catalanismo es una religión, un estado de ánimo, una creencia peligrosa. Dice la profesora: “Los estudios en disonancia cognitiva han mostrado que cambiar el comportamiento para hacerlo acorde a la información es difícil para muchas personas, de forma que lo resuelven de otra forma: la gente se cuenta mentiras para no cambiar su comportamiento“.

Según Miquel Iceta Inés Arrimadas no puede llegar a ser presidente. Por supuesto, ¿dónde se ha visto que el servicio tenga la desfachatez de entrar por la misma puerta de los señores? ¿Quién le permite decir esa obscenidad? El catalanismo.

Antonio Robles es uno de los impulsores de dCIDE.

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