Hundimiento predecible

Sin duda lo que derivó de la precipitada convocatoria del pasado 21 de diciembre tiene lecturas diversas y acomodaticias para todos los gustos. De hecho, esa validez genérica de los resultados ha permitido evitar una previsible rabieta, que podría llegar a boicot, por parte de los que están acostumbrados a votar sin ningún rigor ni pudor ante manipulaciones y que, siendo minoría social, desgraciadamente disponen de mayoría parlamentaria por el insultante agravio en el valor del voto en favor de la Catalunya profunda, interior y subvencionada. Tema prioritario a corregir en cuanto sea factible.

Pero el éxito de los ganadores, del que me felicito por ser un claro bastión constitucional, vino acompañado de un frenazo en las expectativas de uno de sus probables socios, que acumularon un nuevo momento para el olvido al hablar de más cesiones, indultos y arrogarse una transversalidad preocupante, y culminó con el hundimiento predecible del tercero en discordia, fagocitado por el trasiego del voto útil, lo que le deja ante una tensa situación y una representación equivalente a la de los fanáticos extremistas antisistema.

La importante y trascendental victoria de Ciudadanos, que esperemos amortigüe las soflamas de los medios del Régimen a la hora de hablar de vencedores, tuvo como subproducto la imposibilidad de cualquier cábala que pretendiese sumar para apartar al enemigo separatista del poder que, a pesar de los agravios sociales y económicos que nos ha provocado, seguirá ostentando y aprovechando su exigua mayoría para el interés exclusivo de su 47.5%, conculcando los derechos y deseos de la mayoría.

Centrándome en el argumento de mi escrito compete decir, en lo referente al hundimiento electoral de los populares, que lo sucedido era algo cantado y previsible. Aunque, posiblemente, el desgaste se podría haber modulado de haberse trabajado el tema con tiempo y habiendo ajustado el paracaídas a distancia del precipicio. Desde mi modesto punto de vista la caída al abismo no debe justificarse por la falta de decisiones, sino por no ejercitarlas al gusto de su electorado. Y, ante casos de ajustes al agrado de su voto potencial, como los cierres de “embajadas” o los despidos de “amigotes”, ha faltado la venta y comunicación oportuna de las eficiencias derivadas por la aplicación del 155.

Pero, más allá de ciertos éxitos malvendidos, lo difícil de digerir ha sido el proceder en temas claves como son, entre otros, la Educación, la Seguridad o la Comunicación, lo que para algunos ha puesto en duda la efectiva aplicación del omnipresente artículo de nuestra Constitución.

Para muchos votantes la puesta en marcha de acciones correctoras se ha cimentado sobre la base de buscar el menor daño posible al separatismo, es decir, que duela lo mínimo posible, pudiendo haber sido ese el germen del fiasco electoral. En este sentido, convendría calibrar el impacto de ciertas decisiones alérgicas para el catalán que se siente español, a la hora de enfrentarse al reto de depositar su voto en la urna. Pondré algunos ejemplos de preguntas que todos nos hemos podido formular:

¿Qué esperaban ante el nombramiento de un “controller” para la Educación que no es neutral ni afín a la defensa igualitaria y respetuosa de las dos lenguas oficiales en Cataluña?

¿Cuál hubiese sido el impacto electoral en el caso de plantear un escenario de uso vehicular docente e inminente de ambas lenguas con equidad para años venideros?

¿Qué problema había para nombrar un responsable de los “Mossos” no continuista y que asegurase la legalidad constitucional y viniese, si fuera necesario, de la Policía Nacional o la Guardia Civil?

¿Cómo querían que tradujésemos los electores el recambio del dos por el uno en un tema tan significado, cuando ambos trabajaban en equipo y fueron el aditivo de la propaganda manipulada en contra del Estado tras el 1-O?

¿De qué modo debíamos interpretar que los medios de comunicación sigan siendo utilizados por el separatismo, sin que se actúe para lograr la neutralidad perdida en favor de los que les compraron con subvenciones?

¿Por qué no se vendió mejor, en este sentido, los que querían actuar frente al abuso de los medios de comunicación y los que vetaron dicho control sobre los mismos?

¿Cuál es el interés por la celeridad en la cita electoral, sin evaluar antes la conveniencia de la participación de quienes niegan o incumplen la legalidad constitucional?

¿Cómo se evaluó, a pesar de la separación de poderes del Estado, la incidencia que tendría en el voto la salida apresurada de la cárcel de personas que han participado en el complot golpista?

Les invito a que calculen los votos perdidos por no tener el coraje de aceptar la demanda de su electorado, aparentar cierto recelo o miedo ante tomas de decisión convencidas y contundentes, o no saber vender las cosas bien hechas o bien planteadas a ojos de los que deberían haberles votado.

Javier Megino es vicepresidente Ejecutivo de Espanya i Catalans

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
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