El hijo de la Tomasa y el perro del capitán McMath

 

El 27 de julio de 1880 en Maiwand (Afganistán), una columna británica fue destruida en el contexto de la segunda guerra anglo-afgana. La batalla fue brutal. La mecánica profesionalidad del ejército británico, por un lado, y la ferocidad afgana por el otro, dejaron el campo de batalla regado de cadáveres. Tras el combate, los vencedores quisieron mandar un mensaje humillante a sus enemigos. Entre los 969 británicos muertos se encontraba el capitán McMath del 66º regimiento, que había caído en combate junto a su perro al lado de una cañada. Deseosos de ofender y crear el terror entre sus enemigos, los afganos enterraron al oficial junto a su perro, algo extremadamente degradante y ofensivo para su cultura. Mensaje enviado…

Bobbie, mascota del sargento Kelly, disecado en el museo de Salisbury del 66º regimiento del ejército inglés

 

Días después, los británicos descubrieron los horrores del campo de batalla, dando con la tumba del capitán McMath. Todos conocían la crueldad de los afganos y cuando encontraron al capitán y a su perro enterrados juntos se conmovieron. Esos tipos eran unos salvajes, pero al menos habían tenido la delicadeza de enterrar al oficial con su fiel mascota. La noticia corrió como la pólvora y los rotativos británicos explicaron la entrañable historia del capitán y su chucho. Al poco tiempo llegó la noticia de la memorable hazaña de Bobbie, mascota del sargento Kelly que se mantuvo junto a su amo, uno de los “últimos once” que cayeron en combate. Incluso después de haber sido herido de una estocada, Bobbie permaneció junto al cadáver de su amo durante todo un día hasta que cojeando, se alejó del campo de batalla hasta dar con los supervivientes del 66º que se retiraban a Kandahar. Un año más tarde, el 66º fue destinado a Inglaterra  llevándose a Bobbie con ellos, siendo recibido por la reina Victoria vestido con una guerrera roja adornada con perlas de imitación. Allí fue condecorado por la reina con la medalla de guerra. Si quieren, hoy en día pueden ver a Bobbie disecado (murió en un accidente en 1882) luciendo su medalla en el museo del regimentó en Salisbury.

El abismo cultural entre el Afganistán tribal y la Inglaterra victoriana provocaron que una ofensa fuera percibida como un detalle de humanidad. Lo del perro provocó exactamente lo contrario de lo que se pretendía. Mensaje erróneo…

Hace un par de días, Muhammad Yasin Ahram Pérez, más conocido como el de “la Tomasa”, mandó un video con las típicas proclamas imperialistas del Califato, las amenazas a los cristianos, a los españoles, etc. Un demacrado niño de la Tomasa, con un castellano manifiestamente mejorable, pretendía impartir terror entre los infieles, con una retahíla de mensajes que en su marco cultural resultan la mar de aterradores. Mensaje enviado.

En cuanto llegó el video a las redes la respuesta fue casi automática. El terrible mensaje enviado a la España del siglo XXI  ha sido tomado a chanza. Los memes, a cual más faltón, no paran de circular, iniciándose de facto una competición de a ver quién suelta la parida más ocurrente con el de la Tomasa de por medio. Mensaje erróneo…

Curioso para un tipo que se hace llamar el “Cordobés” no haber previsto que su mensaje amenazante iba a provocar el efecto contrario. Existe una larga tradición ibérica de tomarse a cachondeo las amenazas y las adversidades. Desde las gaditanas y sus tirabuzones durante el asedio francés de 1810-1812 a los memes que corren por las redes estos días. El mal se nos ha mostrado en forma de un tirillas patético cuyas amenazas se han tomado a burla. Como era previsible, lo que pretendía ser el remate de los horribles atentados de Barcelona por el DAESH, ha provocado el efecto contrario. No solo no dan miedo (“No tinc por”, como reza el lema de la manifestación del 26 de agosto), sino que dan ganas de darle una colleja.


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