El constitucionalismo catalán está viviendo horas muy bajas. Al debilitamiento de su tejido social se une el cansancio. Ciudadanos perdió la oportunidad, como primer partido de Cataluña, de tejer una alternativa fuerte, y el resto de formaciones no nacionalistas no parece que puedan recoger el caudal de votos e ilusión que el partido naranja acumuló en las elecciones autonómicas del 2017.
Según diversos estudios cerca de medio millón de electores catalanes no nacionalistas podrían pasar a la abstención. Los partidos separatistas mantienen a sus bases con un alto nivel de movilización y, a pesar del desgaste de tantos años sin avanzar en su meta de acercarse a la independencia, aumentarían el número de escaños que actualmente tienen en el Parlament.
Están tan seguros de su subida, que ya no hablan de conseguir la mayoría absoluta en la cámara, ya buscan conseguir más del 50% de los votos emitidos, para conseguir otra victoria propagandística que utilizar en su relato rupturista. Y están muy cerca de alcanzar esta meta, si no lo impedimos.
Hemos de elevar la moral de los votantes constitucionalistas, para evitar que se queden en sus casas y pasen a formar parte de la abstención. Que cada uno vote la opción que más le guste, pero no nos podemos permitir que el separatismo siga creciendo en escaños y en porcentaje de votos.
Hemos de hablar con todos aquellos votantes constitucionalistas desencantados para que no se rindan y acudan a las urnas. No puede ser que el separatismo gane por puro abandono del contrario, por guerra de desgaste. Hemos de seguir firmes para defender la democracia y la unidad de nuestro país. De lo contrario, Cataluña se acabará convirtiendo en una dictadura secesionista en el que millones de catalanes perderemos nuestros derechos civiles.
Porque no lo duden, el día que consigan sus objetivos políticos, a los no catalanes no adictos a su ‘República’ nos considerarán ciudadanos de segunda y nos despojarán de nuestros derechos cívicos. Recuerden lo que hizo el secesionismo en el Parlament en los plenos de la vergüenza del 6 y el 7 de septiembre de 2017.
Sergio Fidalgo
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