Si Dios no lo remedia, pueden quedar unos tres años hasta las próximas elecciones generales. Tres años de más de lo mismo. No sé qué pensarán ustedes (el deseo no cuenta), pero Pedro Sánchez tiene mejor cara que Núñez Feijoo.
¿Por qué? Quizás porque es un hombre poliédrico, optimista compulsivo, cínico, un sociópata de manual. No importará que es lo que deba hacer, ni cuándo. Sin amigos, sus socios de gobierno o colaboradores son de usar y tirar.
Su partido es un cementerio de nombres tachados de la lista. En el que los líderes regionales, sin alzar la voz, para no molestar a su amo, observan como a sus conciudadanos les sustraen cartera, pantalón y ropa interior. Cien años de honradez.
¿Y Esquerra Republicana de Catalunya? Calladitos, ya han conseguido su objetivo: superar mediáticamente a Junts. Si pueden recolocar por la puerta de atrás a amiguetes y genuflexos, mucho mejor. Luego. ir tirando hasta el nuevo Congreso y cruzando los dedos para no acabar nuevamente en guerra civil.
Las cosas de Junts son de traca y pañuelo, con un presidente cuyos trucos de escapismo ya no asombran, ni indignan, ni importan a nadie, más que a aquellos que pugnan por no ir a la cárcel o acabar en la inhabilitación. Según parece, Junts no ayudará a prorrogar los Presupuestos Generales del Estado, como afirma Miriam Nogueras desde el grupo parlamentario en Madrid. ¿Un puñetazo sobre la mesa? En realidad, postureo y gesticulaciones de estar por casa.
Mientras, Sánchez se frota las manos y sonríe. Prorrogar los presupuestos es alejarse de las restricciones europeas y tener el suficiente dinero para seguir comprando conciencias, pagar a los amigos más dóciles, perpetuarse.
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