Muchos catalanes estamos orgullosos del papel de árbitro que Felipe VI tiene en nuestra democracia. Pero, también, por su defensa activa de la Constitución que garantiza nuestras libertades, como pudimos comprobar en su discurso contra la Generalitat golpista de Puigdemont y Junqueras del 3 de octubre de 2017.
Si el separatismo ha hecho suyo el falso mantra de «los catalanes no tenemos Rey» le toca al constitucionalismo catalán desmentirlo. Todos los catalanes tenemos Rey, en cuanto Jefe de Estado de nuestro país — España –, pero muchos encima nos sentimos orgullosos de su labor.
Los desplantes de ERC, CUP, Junts o los comunes a la Casa Real nos avergüenzan a muchos catalanes. Por su sectarismo, y por su desprecio hacia los sentimientos de millones de personas que nos sentimos representados por la Casa Real.
Poco podemos esperar de un separatismo que se tirado al monte. Que lucha para excluir de la enseñanza la lengua materna de más de la mitad de la población. Que invita a coger la maleta y abandonar Cataluña a cualquiera que ose cuestionar sus postulados políticos. Pero siempre tendremos al Rey y a su familia para sentir su aliento y apoyo.
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