Esquerra es un partido de tradición errática. Es una formación que ha tenido como líderes a un tipo que se va a Perpiñán a pactar con ETA mientas es presidente en funciones de la Generalitat (Carod-Rovira), a otro que defendía que “los negros en América” tienen un “coeficiente inferior al de los blancos” (Heribert Barrera) y otro que sugiere que hay “diferencias genéticas” entre “catalanes y españoles” (Oriol Junqueras).
Ahora intenta disimular para hacer ver que se aleja del PSC, y de ahí su negativa a pactar los presupuestos de la Generalitat, pero mantiene a dos consejeros dentro del Gobierno de Illa – Política Lingüística y Cultura -. El alejamiento de Junqueras de los socialistas es solo táctico, para no regalarle a Junts bazas ahora que Puigdemont está jugando al límite con Sánchez.
Puigdemont ha conseguido que parte de la sociedad catalana se crea que Junts sí que aprieta al PSOE, y no como Esquerra, al que considera un felpudo de Moncloa. El show que montan desde Waterloo para que los socialistas suden la camiseta le da un plus de legitimidad ante cierto sector del separatismo, lo que horroriza a una ERC en decadencia electoral.
La estrategia de Junqueras es la de atraer al PSC, y sobre todo a sus votantes, a la órbita independentista para que, a largo plazo, acaben escogiendo al partido ‘pata negra’ del separatismo, que es Esquerra. Una vez que el secesionismo sea visto por los votantes castellanoparlantes del cinturón metropolitano de Barcelona como una opción ‘normal’, el crecimiento de ERC será imparable. O eso es lo que piensan Junqueras, Joan Tardà, Gabriel Rufián y el resto de los defensores de la teoría de «ensanchar la base».
Pero tienen que dar una de cal y otra de arena, porque tras una primera etapa de crecimiento de Esquerra en el área metropolitana, consiguiendo resultados que CiU siempre ambicionó – como los cinco regidores que ERC tuvo en L’Hospitalet de Llobregat entre 2019 y 2023 -, ha llegado el parón. Se han acercado tanto a los socialistas que algunos votantes de ERC han preferido votar a Illa, y otros se han quedado en su casa por acercarse demasiado a un ‘partido del 155’.
Pero la tendencia de Junqueras es a seguir caminando la senda junto a los socialistas, así que a pesar de algunos aprietos a los que someterá a Illa, los socialistas no han de temer por su futuro. Esquerra preferirá siempre – una vez acabada la agitación procesista – al PSC que a Junts, porque odian a los neoconvergentes desde hace décadas.
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