En Esquerra Republicana no saben qué hacer ante lo que les viene encima. Temen que perderán las elecciones al Parlament contra los neoconvergentes de Puigdemont, al que no pudieron batir en las autonómicas de 2017, cuando parecía todo hecho.
Algunos sondeos ya sitúan a los neoconvergentes por encima de Esquerra, y Torra ya ha anunciado que lo de adelantar los comicios autonómicos va para largo. Puigdemont controla el calendario vía el actual ‘president’, y convocará las elecciones cuando peor le vaya a los de Junqueras.
ERC lleva desde 1980 intentando ser el partido hegemónico en la cámara autonómica catalana, y han desperdiciado una y otra vez los casos de corrupción y las condenas judiciales del entorno convergente para ser el primer partido separatista de Cataluña.
Su gran oportunidad para promocionar a su valor en alza, Pere Aragonès, el actual vicepresidente económico de la Generalitat, quedó en nada. La idea era vender la reciente aprobación de los presupuestos de la Generalitat, tras tres años con las cuentas prorrogadas, como un logro de Aragonès.
Pero llegó el COVID-19, y las cuentas han quedado desfasadas antes de su puesta en marcha. Ya nadie habla de Aragonès, porque todo el foco mediático está en las mascarillas, los tests, la crisis económica y el volver a reactivar la «lucha» contra «España». ERC huele sangre, pero será la suya. Puigdemont ha olido el miedo y va a ir a por todas.
Comentario editorial de elCatalán.es
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