Esquerra Republicana ya tiene nuevo hombre fuerte en la capital catalana. Ricard Farin se ha alzado con la presidencia de la federación de Barcelona tras imponerse en las primarias celebradas este viernes. El resultado no deja lugar a dudas sobre el rumbo que toma la formación independentista en la ciudad.
La candidatura de Farin, de corte ‘junquerista’, ha derrotado a la propuesta alternativa encabezada por la concejala Rosa Suriñach. Con 393 votos frente a los 236 de su rival, el aparato del partido logra sofocar, al menos de momento, la rebelión interna. La participación alcanzó el 72%, reflejando la fractura real que vive la militancia.
Esta victoria supone un balón de oxígeno para Elisenda Alamany y, sobre todo, para Oriol Junqueras. Farin no ha ocultado en ningún momento su apoyo explícito a la actual líder municipal y mano derecha de Junqueras como secretaria general de la formación. El nuevo presidente de ERC Barcelona llega con la misión de pacificar una federación que ha vivido meses de auténtica implosión.
El tono de Farin durante la campaña ha sido directo contra el sector crítico. El flamante presidente ha reprochado a los dimisionarios del pasado noviembre que utilizaran la federación como un «arma arrojadiza». Para el oficialismo, la disidencia interna solo buscaba crear un contrapoder que desgastara el liderazgo de Alamany.
La sombra del PSC y de Jaume Collboni planea inevitablemente sobre este nuevo escenario. Aunque Farin evita posicionarse claramente sobre un futuro pacto de gobierno, su ambición es entrar en el gobierno de Collboni. El objetivo declarado es «gobernar siempre», una máxima que suele terminar en alfombra roja para los socialistas.
La candidatura derrotada de Rosa Suriñach representaba el descontento de quienes ven a ERC Barcelona como un apéndice del gobierno municipal del PSC. Los críticos pedían una fiscalización más estricta del grupo municipal que encabeza Alamany. Sin embargo, los votos han castigado la rebeldía en favor de la disciplina que impone el aparato central.
Mientras tanto, Jaume Collboni observa desde la distancia cómo su posible socio preferente ordena la casa. La falta de una alternativa sólida en ERC facilita que el PSC siga manejando los hilos de la ciudad sin excesiva resistencia. El oficialismo republicano parece más cómodo en la órbita socialista que en la confrontación política real.
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