El tablero político español vuelve a sacudirse por la fragilidad de sus alianzas. Carles Puigdemont ha respondido con dureza a las acusaciones de la vicepresidenta Yolanda Díaz. La líder de Sumar tildó a los neoconvergentes de racistas y clasistas en una entrevista en Onda Cero, dinamitando los puentes con Waterloo.
Fuentes de la cúpula de Junts anuncian la ruptura total de relaciones con la formación de Díaz, tal y cómo ha adelantado el digital ‘El Nacional’. El hartazgo en las filas independentistas es absoluto ante los ataques constantes de la extrema izquierda.
La suspensión de contactos afecta tanto al ámbito gubernamental como al parlamentario. Los de Puigdemont han decidido ignorar a los cinco ministros de Sumar en el Consejo de Ministros. No habrá interlocución con carteras como Cultura, Sanidad o Derechos Sociales mientras no exista una rectificación. La orden interna es clara: a partir de ahora, el teléfono de Sumar no será atendido.
Esta ruptura evidencia la hipocresía de una vicepresidenta que hoy critica y ayer cortejaba. En septiembre de 2023, Yolanda Díaz no tuvo reparos en viajar a Bruselas para buscar el favor de Puigdemont. Entonces, la prioridad era asegurar el sillón de Pedro Sánchez a cualquier precio.
El sector de Junts califica ahora a la vicepresidenta de «interesada» y carente de coherencia política. Aquella visita oficial a un prófugo de la justicia queda hoy como un ejercicio de cinismo extremo. Los independentistas ya no están dispuestos a ser el soporte gratuito de un Gobierno que los desprecia.
Las consecuencias legislativas de este divorcio no han tardado en aparecer en el Congreso de los Diputados. Junts ya ha adelantado su voto negativo al decreto de vivienda y alquileres impulsado por Sumar. La consigna es meridiana: «no hace falta ni que nos llamen» para negociar medidas ideológicas.
En el Parlament de Cataluña, la situación con los Comuns es idéntica y se define como inexistente. El clima de tensión vivido esta semana en el pleno confirma que la distancia es ya insalvable. La pinza que sostenía la gobernabilidad de Sánchez muestra grietas profundas que el PSOE no sabe reparar.
El presidente socialista asiste como espectador al incendio provocado por su propia socia de coalición. La incapacidad de Yolanda Díaz para medir sus ataques pone en riesgo la aritmética parlamentaria del bloque de investidura. Sánchez paga ahora el precio de haber entregado la estabilidad de España a partidos enfrentados entre sí.
Puigdemont ha sido irónico al sugerir a Díaz que pida los votos al Partido Popular en el futuro. Este portazo deja al Ejecutivo en una posición de vulnerabilidad extrema ante cualquier votación relevante. El Gobierno de coalición se asoma a un abismo provocado por la arrogancia de sus propios integrantes.
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