Entrevista a Ramón de España: “El nacionalismo es supremacista por definición”

Ramón de España

Prolífico e irreverente, Ramón de España (Barcelona, 1956) ha escrito ensayos como El manicomio catalán, novelas como El millonario comunista y películas como Haz conmigo lo que quieras. Además, colabora regularmente en El Periódico y Crónica Global. Pese a ello, ha tenido tiempo de charlar con El Catalán y repasar con su habitual mordacidad la situación política en Cataluña.

En un artículo de los años 60, Jordi Pujol llamaba “ejército de ocupación” a los catalanes con orígenes en el resto de España. En su opinión, ¿qué responsabilidad le corresponde a Pujol de lo ocurrido en Cataluña?

Toda. Desde que en 1980 tomó el mando, todo lo que hizo Pujol fue una labor de zapa, lenta pero continuada, para desembocar en la situación actual. Recuerde su lema: “Avui paciència, demà independencia”. Eso sí, siempre disimuló su interés independentista. Mostraba una absoluta deslealtad al Estado, pero daba una de cal y otra de arena. Fue perseverante, como todos los iluminados. Es uno de esos personajes que han venido a salvarte a uno de uno mismo. En eso se parecía mucho a Franco. Son gente que sabe hacia dónde tiene que dirigirse la patria, y lo que uno piense le importa un comino. Luego, tras años de disimulo, los nacionalistas se fueron desinhibiendo hasta llegar al actual vodevil que ha sido el procés. Pujol ya no está, pero todo lo que sembró durante 30 años ha germinado.

De todo esto también es responsable el Gobierno central, que nunca hizo nada. Trataban a Pujol como a un jefe étnico: mientras tuviese tranquila a la tribu, daba igual lo que hiciera. Seguramente, si no se hubiese vuelto independentista, seguiríamos sin saber nada de sus miserias fiscales. Sospecho que hubo una colaboración inevitable del Gobierno central, tanto del PP como del PSOE, que debió de decir: “Déjale hacer a ese en Cataluña lo que quiera, que lo necesitamos para aprobar los presupuestos”. Ciertamente, el Estado no puede sentirse orgulloso de su histórica desidia en Cataluña: abandonó a los catalanes no nacionalistas, que somos más de la mitad.

¿Y cómo valora la labor del actual president, Quim Torra?

Comparado con Pujol, el personal que está al mando ahora aún es peor. Pujol fue un iluminado y un estafador, y sus hijos una pandilla de delincuentes, pero al menos sabía idiomas y leía… pero el nivel actual es bajísimo. Es una desgracia, porque hemos ido cuesta abajo: de Pujol a Mas, de Mas a Puchi, y de Puchi a Torra. Visto lo visto, el próximo president habrá que ir a buscarlo directamente al reino animal.

La expresidenta del Parlament, Nuria de Gispert, ha conminado varias veces a Inés Arrimadas ha regresar a Cádiz. Recientemente, ha asegurado también que los problemas ferroviarios en Extremadura son culpa de la propia comunidad, que rechazó competencias porque era “mucho trabajo”. ¿Es su xenofobia un caso aislado dentro del nacionalismo?

No, el nacionalismo por definición es supremacista. Cuando dicen: “No somos peores ni mejores, sino diferentes”, en realidad lo que están diciendo es que son mejores. En el fondo, por mucho que disimulen, es transparente su desprecio hacia el español medio, sobre todo al extremeño y al andaluz. El mismo desprecio que había cuando se produjeron los flujos migratorios en los 60. No pueden ni respetar a una pobre gente que vino del sur en busca de una vida mejor. Les acusan de colonos, de haber sido enviados por Franco para destruir Cataluña. Al menos es lo que dice siempre aquella actriz senil, Montserrat Carulla. El supremacismo siempre ha estado ahí, e inevitablemente conlleva un racismo larvado.

Luego, también hay un rencor acumulado de país que pudo ser y no fue. Aunque empiezo a dudar de que realmente hubiese voluntad de que Cataluña fuese un Estado. Y es que, si cuando se creaban los países, fuiste tan tonto de dejarte la mitad del tuyo en Francia y la otra mitad en España, quizá deberías dejar der protestar, ¿no? Entre lo de arriba y lo de abajo, Cataluña daba para un paisito, de acuerdo. Pero en su momento. Hay que saber pasar página.

Las últimas cifras muestran que la inversión extranjera en Cataluña se ha desplomado tras el procés. En concreto, es casi cuatro veces menor que hace dos años. ¿Cree que datos como estos acabarán menoscabando el apoyo al independentismo?

Lo dudo, porque es una cuestión de fe, que no apela a la razón sino a los sentimientos. Piense, por ejemplo, que cuando Europa se nos puso de culo, en lugar de recapacitar, los separatistas alegaron que también se podía vivir sin Europa.

Por cierto, el otro día leí que un memo ha montado un crowfunding para fabricar una vidrieras de aspecto religioso con los caretos de Puigdemont, Trapero, etcétera. Eso sí, cuando vi que solo llevaba recaudados 125€, fui yo el que recobró la fe.

En cualquier caso, es lamentable que después de siglos tratando de que prevalezca la razón, algunos ahora solo se rijan por los sentimientos. “Jo vull ser independent perquè vull ser independent”. “¿Pero te has parado a pensar en las consecuencias?”. “No, però em fa molta il·lusió”. Hijo, son inasequibles a la razón; al final ya no sabes ni qué decirles.

En palabras del articulista Jorge Bustos, el derecho a decidir es un “invento de los publicistas del procés, una cursilada para pijos que no quieren pagar impuestos que ayuden a los pobres”. ¿Le parece una provocación o un diagnóstico certero?

Ambas cosas. La Constitución no reconoce tal derecho, así como tampoco lo hace, que yo sepa, ningún país de Europa. Aparte, el derecho a decidir solo es un eufemismo de independencia. No significa nada. ¿Derecho a decidir qué? Es otra de esa muletillas que se han incorporado al discurso porque suenan bien; y es que ¿quién va a estar en contra de decidir?

En cualquier caso, lo que ocurre en Cataluña no podría suceder en ninguna parte. Imagine que en Texas montaran un Cristo como éste: enviarían a la Guardia Nacional y acabaría todo bien pronto. O en Francia, cuyos antidisturbios convierten a los nuestros en monjitas.

Por lo demás, no se dan cuenta de que la parte unionista también tiene sentimientos. Muchos no tenemos ganas de que nos obliguen a elegir entre ser españoles y catalanes. Sin embargo, los nacionalistas tienen claro que solo desean ser catalanes. El coco no les da para otra cosa. Y en el mundo actual, reducir tu identidad a un solo elemento es complicado. A no ser que vivas en un pueblo del interior. De hecho, los que más insisten en ser independientes son los que, de algún modo, ya lo son. Vivir en Berga debe de ser como vivir en un Estado independiente: un sitio donde todo el mundo ve TV3 y nadie habla en español. Es un territorio que, de facto, ya se ha liberado.

Mientras los constitucionalistas denuncian la fractura existente en la sociedad catalana, el secesionismo niega que tal fractura exista. ¿Hay o no división en la sociedad catalana?

Según los nacionalistas, no hay fractura alguna: simplemente, hay unos cuantos malos catalanes que estorban en el camino de la inevitable independencia. Pero eso no es una fisura: solo es gente infame de la que habría que deshacerse. O llevarla por el buen camino. Y si es necesario, a hostias.

Pero ya le digo: aunque Cataluña esté partida por la mitad, ellos lo negarán. Su grado de irracionalidad es tal que son capaces de afirmar lo que sea. Ya verá como dentro de poco reivindicarán la figura de Jordi Pujol. De hecho, ya hay quién dice que si pones en una balanza lo positivo y lo negativo de su gestión, lo positivo supera con mucho a lo negativo.

El propio Departament d’Ensenyament ha admitido que alumnos de varias comarcas tienen graves carencias al expresarse en castellano. ¿Por qué, entonces, se niegan a implantar un modelo bilingüe?

Porque, al parecer, la inmersión es milagrosa. Aunque nunca lo han demostrado, e nacionalismo asegura una y otra vez que es “un modelo de éxito”. Es como esa otra frase según la cual “el 80% de los catalanes está a favor del derecho a decidir”. Disponen de una serie de trolas enmarcadas en la pared que les sirven para todo. Está claro que lo normal en una comunidad bilingüe sería la mitad de las clases en un idioma y la mitad en el otro, ¿verdad? Pues no. Como señala esa pancarta absurda: “Per una escola de tots, l’escola en català”. No tiene sentido: si es de todos, ¿por qué se prescinde del idioma de la mitad? En el fondo, defienden el mismo modelo que implantó Franco, es decir, la escuela monolingüe; solo que ahora en catalán en lugar de en castellano. Es la misma memez pero a la inversa.

Por otra parte, del reportaje “Educar sota sospita”, emitido en TV3, se desprende que la Escuela Catalana no adoctrina. ¿Cree que es así?

Lo desconozco porque no tengo hijos. Lo que sí sé es que TV3 no es un medio creíble. Negará el adoctrinamiento como negará todo lo demás. El desprestigio de la cadena es tal que cualquier información que proceda de ella invita a la desconfianza. Y sus intentos de aparentar ecuanimidad —invitando a uno o dos contertulios no nacionalistas de vez en cuando— resultan patéticos.

Sin embargo, el Consejo Audiovisual Catalán (CAC) defiende que TV3 es el cadena más plural del panorama español.

Es una muestra más de la jeta que le echa el CAC. Es un organismo que carece totalmente de fiabilidad. No solo llevan siglos sin renovar a sus miembros, sino que cuentan con un presidente que usa siempre el voto de calidad para inclinar la balanza a favor de los nacionalistas.

Es una vergüenza, aunque no mayor que la del Síndic de Greuges. Se trata de un defensor del pueblo al que solo le preocupan los dos millones de votantes nacionalistas. A los demás, que los zurzan. Ocurre lo mismo con todo lo que está sufragado con dinero público. El público de TV3, por ejemplo, se divide entre los fans acérrimos que siguen la cadena religiosamente y otros que no pueden aguantarla ni dos minutos sin que les sobrevenga un cólico.

Puigdemont ha ofrecido a la exsocialista Beatriz Talegón concurrir a la lista de las elecciones europeas. ¿Cómo valora este fichaje?

Pues que después de acabar mal en el PSOE se está buscando la vida. Caso distinto es el de otro intelectual madrileño, Ramón Cotarelo, que sufre una perturbación mental grave. Cotarelo profesa un odio monumental a España porque ésta no ha reconocido su inmenso talento. Es un tipo sin interés en busca de una causa a la que sumarse; y si para ello tiene que echar pestes de su país de procedencia, pues lo hace.

En cambio, no creo que a Talegón se le haya ido la pinza como a Cotarelo. Parece más un movimiento profesional. Luego de caer en desgracia, se topó con una causa que, por disparatada que sea, le puede aportar dinerito. Y quién sabe, igual consigue convertirse en eurodiputada y chupar del bote.

Recientemente, los comunes han propuesto una Constitución catalana dentro de una “nación de naciones”. ¿Es una solución?

¿Qué quiere que le diga? El colauismo me deja sin palabras, es un fenómeno que me supera. Básicamente, es una gente muy incompetente, empezando por la propia Colau, y siguiendo por Pisarello, Janet Sáenz o el terrible Asens —que todavía no ha pedido perdón por ejercer de abogado defensor del psicópata aquel que, después de dejar tetrapléjico a un guardia urbano, mató a un tío en Zaragoza por llevar unos tirantes con la bandera de España—.

En mi opinión, los comunes son demagógicos y dogmáticos, tienen más de activistas que de políticos y se mueren por agradar a todos los supuestos progresistas, entre los que cuentan a los independentistas —pierden el culo por caerles bien—. Por no hablar de que consideran la cultura algo elitista. Lo que no sea un correfoc popular o un concierto de grallas les parece snob. ¿Alguien conoce una sola iniciativa cultural impulsada por el Ayuntamiento?

En cuanto a la propia Colau, es de una gran incoherencia: un día dice una cosa y al siguiente la contraria. ¿Y qué es esa tontería de proclamarse la primera alcaldesa bisexual? ¿Y a mí qué? Como si eres la primera alcaldesa con cien patas. En definitiva, me parecen ridículos.

Por Óscar Benítez


‘Desde la aspillera’ es una recopilación de artículos de Joan Ferran, ex diputado del PSC, críticos con el secesionismo catalán desde una óptica de izquierdas. Se puede adquirir aquí.

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