Javier Barraycoa es profesor de sociología y ciencias políticas en la Universidad Abat Oliba. En esta obra, editada por AlmuzaraUniversidad, pretende remover el relato del origen del catalanismo. Durante más de un siglo, tanto historiadores nacionalistas como incluso no nacionalistas, han seguido acríticamente el esquema formulado por Rovira y Virgili. Según esta tesis, el nacionalismo catalán sería una expresión del pensamiento político moderno, formulada principalmente por el republicanismo de izquierdas.
Por tanto, argumentaba, todo intento de un catalanismo conservador, debía alejarse de posibles influencias tradicionalistas. El único autor que, en la década de los 60 del siglo XX, se atrevió a proponer un nuevo paradigma fue Jordi Solé Tura. Para él se había minusvalorado el peso del catolicismo conservador y de la burguesía catalana en la configuración del movimiento catalanista. Pero Solé Tura, al entender del profesor Barraycoa, comete el error de confundir el catolicismo tradicional identificándolo con el catolicismo liberal.
La tesis innovadora que presenta este trabajo es, precisamente, entender que no se podría entender el origen del catalanismo sin vislumbrar la agria polémica que se produjo en Cataluña entre católicos liberales y católicos tradicionalistas. Todo ello en el marco de la restauración borbónica de 1874 y la constitución de 1876. El catalanismo antes de ser un movimiento político con un mínimo de arraigo social, tuvo su eco en ciertos ambientes eclesiásticos.
Estos ambientes se caracterizaron, por un lado, por apoyar el Régimen de la Restauración, contra los sectores carlistas que se negaban a aceptar la monarquía liberal. Por otro lado, los incipientes sectores eclesiásticos catalanistas apoyaron el proyecto “madrileño” de la Unión Católica. Esta era una asociación cuya finalidad era conseguir integrar a los católicos en el nuevo régimen. En Catalauña, especialmente, la Unión Católica no pudo afianzarse por la resistencia que manifestaron los católicos más tradicionalistas e intransigentes. Ello comportó agrias polémicas entre ciertos obispos catalanistas y la prensa integrista o tradicionalista del Principado.
A raíz de estas tensiones se creó una “pastoral catalanista” cuya intención era desactivar el carlismo que se hallaba insertado en las grandes asociaciones católicas de Cataluña. Esta pastoral, paradójicamente, la inicia el obispo de Barcelona José María Urquinaona, que era gaditano. Él pone las bases del llamado “montserratismo”, esto es, de un mito que interpretaba una especial conexión entre la catalanidad y su forma de entender el catolicismo. Urquinaona amaró al que posteriormente sería el obispo Morgades y este a Torras y Bages, el llamado patriarca de Cataluña.
El caso es que, como bien argumenta el profesor Barraycoa, en el último tercio del siglo XX, las tensiones entre católicos llegaron a preocupar incluso a Roma. Más en concreto, buena parte del clero catalán y de seminaristas, tuvieron frecuentes roces con sus respetivos obispos catalanistas. Desde Roma, el Papa León XIII, tuvo que escribir la encíclica Cum Multa (1882), precisamente para intentar, en vano, apaciguar los ánimos.
En definitiva, el Javier Barraycoa propone una reinterpretación del origen del catalanismo desde la perspectiva de estas polémicas. La conclusión de su investigación no deja de ser sorprendente: el catalanismo político nunca hubiera tenido tanto peso sin el arraigo previo de un catalanismo eclesial. Y el catalanismo eclesial se asentó gracias a la permisión y apoyo de los gobiernos turnistas del Régimen de la Restauración.
El catalanismo no dejó de ser más que una estrategia de los gobiernos centrales para desactivar el carlismo, de ahí su lenguaje pseudotradicionalista a la par que sus estrategias propias del catolicismo liberal de la época. Sin embargo, ese catalanismo que surgió con la permisión del poder político, pronto cobraría fuerzas propias y posteriores intentos por domeñarlo o eliminarlo ya serían infructuosos. Todas estas conclusiones son argumentadas con todo rigor histórico y con un especial acercamiento psicológico a los protagonistas de estos hechos.
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