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El Catalán Política

Entrevista a Pedro Herrero: “El otoño de 2017 es el 23-F de mi generación”

Por Óscar Benítez
viernes, 26 de julio de 2019
en Política
11 mins read
 

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Pedro Herrero.

Pedro Herrero (Gijón, 1980) es asesor de la vicepresidencia cuarta en el Congreso de los Diputados y uno de los artífices del podcast de moda entre el constitucionalismo más gamberro: el adictivo Extremo Centro. Herrero ha conversado con nosotros sobre asuntos como la parcialidad de TV3, la voluntad de diálogo de Pedro Sánchez o la política de pactos de Ciudadanos.

Se han cumplido diez años de la Ley de Educación Cataluña, la normativa que blindó la inmersión lingüística obligatoria en catalán en la escuela. ¿En qué medida explica la Educación lo que ha ocurrido en Cataluña?

Sin querer caer en el uso mágico de medidas con poderes extraordinarios, lo cierto es que en el pragmático programa de construcción nacional que implantó el nacionalismo catalán hace décadas establecía como prioritario para su agenda el control de la educación. Lo llamativo del programa de inmersión lingüística no es que lo abanderen los secesionistas, quienes aspiran a una visión de la ciudadanía reaccionaria basada en el origen, la identidad y la lengua. Lo llamativo es que tras octubre de 2017 lo sigan defendiendo quienes se autodenominan constitucionalistas de izquierdas.

Tenemos datos recientes respecto de lo que representa la inmersión para la lesión de la igualdad de oportunidades educativa, de cómo tener un apellido español respecto de un apellido catalán representa una mayor probabilidad de rechazo en una entrevista laboral o la repetida tipología de los apellidos de quienes ejercen el poder en Gobierno y parlamento, como para defender sin complejos que en Cataluña hay segregación por razón de origen y que es necesario nivelar el campo de juego institucional. La educación catalana en su actual configuración agrava esas injusticias.

Los nacionalistas suelen defender TV3 aduciendo que TVE o el resto de canales autonómicos tampoco son neutrales. ¿Son casos comparables?

Si seguimos esa lógica, bajo la premisa de que como RTVE no es neutral podemos convalidar cualquier cosa que haga el NODO, el Granma o la televisión de Putin. Hay que graduar. Siempre, en todo momento y lugar. Y sencillamente con que TV3 dejara de insultar a los catalanes no independentistas que les pagan el sueldo daríamos un paso de gigante. No les pido neutralidad porque sé que son incapaces de serlo, uno sólo tiene que ver los apellidos y las ideologías declaradas de los presentadores de todos los programas de TV3 para saber que es un aparato de propaganda. Es una televisión de blancos de Alabama para blancos de Alabama. No es que ejerza crítica alguna a quien detenta el poder, es que es un instrumento cultural para favorecer la opresión. La corporación catalana de medios disfraza muchas veces con humor lo que es pura y simple dominación, que va desde la alta burguesía de los productores como Toni Soler hacia los castellanohablantes de Hospitalet.

La Lliga Democrática es un nuevo partido catalán que defiende en su manifiesto el “catalanismo desacomplejado pero respetuoso con la ley”. ¿Es la recuperación del catalanismo político una buena idea?

En mi pequeña historia está haber participado en UPyD desde 2009 y seguir participando hoy en política a través de Ciudadanos. Aquel espacio electoral de centro que hace diez años era un escueto diputado y 300.000 votantes, hoy son 57 escaños y más de cuatro millones de votos. Durante esta década he escuchado demasiadas veces consejos displicentes como para permitirme ahora dárselos a quienes quieran emprender la aventura de un proyecto político nuevo.

Hechas estas acotaciones, y como ya he debatido afectuosamente con personas como Quim Coll o Juan Claudio de Ramón, creo que en los últimos doscientos años en España hemos tenido ya algún experimento de catalanismo constitucionalista con vocación de liderar el país. España es hoy lo que es en gran parte gracias a la encrucijada del modelo territorial que nos conforma. Pero precisamente creo que no podemos obviar que si el modelo autonómico fallece en octubre de 2017 es precisamente de éxito. Ya no hay más objetivos administrativos que conquistar a través del desarrollo de las estructuras autonómicas. Esto se detalló en la sentencia del Estatut y me parece difícil pensar que el camino de los próximos 25 años esté en reproducir esa senda de manera corregida y aumentada.

Pedro Sánchez sigue apostando por el diálogo en Cataluña pese a que el presidente de la Generalitat, Quim Torra, y entidades como Òmnium Cultural repiten una y otra vez que “lo volverán a hacer”. ¿Le parece una decisión atinada?

Dialogo sí, por supuesto, pero para qué. Porque partamos de la base de que el equilibrio que se daba en la Cataluña anterior al proceso independentista tampoco era justo. Es verdad que permitía a determinadas élites de izquierdas tener la sensación de que si se adscribían con fuerza al manto catalanista podrían ser tratados en pie de igualdad en las cenas de la buena sociedad. ¡Sólo tenemos que renegar de nuestros orígenes, renunciar a construir cualquier tipo de comunidad política con España y defender compulsivamente el catalán! ¡Y todo ello a pesar de apellidarnos García y tener padres extremeños! ¡Qué generosos son que nos aceptan! Pero ya hemos visto que esto era sustancialmente falso. Entiendo ese pasión en algunos por la vuelta al mundo de ayer. Pero creo que exige un nivel de autoengaño difícil de defender.

El hecho es que, más allá de que los formalismos se cumplan, hay un déficit de representación en las instituciones catalanas que hay que abordar en el corto, medio y largo plazo. En eso tenemos responsabilidad el resto de los españoles. Y por ello es lo primero que un Presidente del Gobierno de España en diálogo con la Generalitat debería poner en la agenda. Las instituciones, la cultura, la educación, la administración pública y los medios públicos deben ser inclusivos y plurales, y ahora mismo no lo son. Si el diálogo es para pactar con las élites catalanas que el resto de España vamos a seguir ignorando a las clases vulnerables castellanohablantes porque les viene bien a los socialistas para hacer acuerdos de gobierno entonces eso no es dialogar, es seguir poniéndole precio a la dominación.

Los comunes se oponen a la independencia pero defienden el uso del lazo amarillo alegando que se trata de un “símbolo antirrepresivo”. ¿Puede entenderse así?

Los comunes, con Colau a la cabeza, son el animal más evolucionado de eso que se puede describir como izquierda indefinida. Quienes dirigen la organización son fundamentalmente una sociología, principalmente de estudiantes, académicos y periodistas, que militan más en hábitos de consumo que en ideas concretas alrededor de la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora. En concreto, sobre el gran asunto de la independencia, se da la paradoja de que la cúpula de los comunes son afines a las causas secesionistas, mientras que las bases electorales que les nutren de votos son contrarios, por cuestión de origen y clase. Es un “No nos representan” de libro.

La secesión es evidentemente un proyecto de gente con los apellidos correctos y a favor de las clases dominantes en Cataluña. Alguien que tenga un eje ideológico izquierda-derecha claro en términos de redistribución y en términos de protección de las clases vulnerables no tardaría mucho en posicionarse en contra de ello.

¿Y por qué no lo han hecho?

Hubo un tímido intento, muy al principio cuando la irrupción de Podemos, con Pablo Iglesias apelando a los orígenes andaluces de los obreros catalanes. Pero rápidamente los académicos y periodistas de los Comuns quisieron seguir llevándose bien con las élites. Y por una cuestión tan prosaica tienen secuestrada la opinión de su electorado respecto de ese tema. Es increíble que al inicio de todo esto ni un sólo líder sindical de CCOO se subiera a una furgoneta con un megáfono a las puertas de la SEAT de Martorell para denunciar el procés y activar a la gente por cuestión de origen y a través de un discurso obrerista. Luego me enteré de que en la fiesta de la primera noche electoral de los Comuns había una barra de cocktail especializada en gintonics de frambuesa. Y ya me encajó todo.

Aún así tengo que reconocer que Colau ha alimentado como el mejor el espíritu adolescente de la clase media barcelonina: Ese apretar los puñitos de manera estéril ante las injusticias reales o imaginadas, ese disfrute casi infantil con la exhibición de las emociones, esa moralidad Toy Story que saca aforismos de cada experiencia, ese espíritu cumbayá tan de las convivencias de la parroquia. Hay algo terrible y fascinante en ver cómo una gran capital europea se gestiona bajo los principios de un campamento de verano y que eso se haga contando con amplio apoyo entre los pijos de izquierdas.

El New York Times ubicó a Ciudadanos como uno de los partidos más centrados del mundo. Sin embargo, ¿un formación de estas características no debería poder formar gobiernos a izquierda y derecha?

Lo que diga el New York Times sobre que Ciudadanos es un partido centrado no importa porque para los medios y prescriptores que le hablan a la sociología de izquierdas todo lo que esté a la derecha del PSOE es extrema derecha. Dicho lo cual, no escondo que por mi trayectoria estaría comodísimo con un Ciudadanos que formara gobiernos a izquierda y a derecha. ¿Eso quiere decir que sería la opción correcta? Pues no. Cuando escuché la estrategia del sorpasso al PP en la campaña de generales pensé que era muy arriesgada y sin embargo en la noche del 28 de abril yo mismo estaba celebrando con los compañeros los resultados y cantando “Rivera was right”. Es probable que si en campaña no hubiéramos vetado expresamente al PSOE, hoy no estaríamos en condiciones de sumar con el PSOE.

En todo caso, los hechos se pueden interpretar pero no discutir: si Rivera hubiera hecho caso a todos los que le dieron consejos este espacio electoral no tendría hoy más de cuatro millones de votos y 57 escaños. En política hay que aceptar una cosa, otorgamos a los líderes la capacidad y la confianza para que éstos tomen las decisiones, muchas veces entre la incomprensión del resto. Esas son las implicaciones de ejercer el poder y eso es el liderazgo político. El hecho es que si al final han tomado la decisión correcta todos nos vamos de fiesta y si fallan les dejamos solos.

¿Y qué les diría a los que, tras incidentes como los de Alsasua, acusan a Cs de “vivir del conflicto”?

Que la libertad se conquista a codazos. Y que hay espacios en España, vinculados especialmente al dominio y monopolio ideológico nacionalista, que aún requieren que se dé esa lucha por la libertad. Los valientes que se exponen al hostigamiento todos los días en esos territorios lo hacen para hacer valer el pluralismo que debe garantizar nuestra democracia. Sin pluralismo no hay democracia liberal y ese no es un presupuesto teórico, es una praxis. Algunos académicos de izquierdas muy sensibles a valorar las condiciones deliberativas parecen muy capaces analizar los déficits de representación respecto de la raza en Alabama o el género en los Consejos de Administración de las empresas españolas pero, mira tú, les falla el wifi cuando hay que hablar de lo que pasa en las sociedades de Cataluña y Euskadi porque supondría enfadar a algunos de sus amigos.

¿Fue distinto lo ocurrido en el Orgullo?

Sí. Aunque es un capítulo especialmente vergonzante que acabará costándonos a todos mucho en términos de respeto entre partidos, creo que la sustancia de la que se compone es diferente. Lo del Orgullo es tratar de violentar en el espacio público a quienes no comparten tu ideología. Es algo bastante aberrante porque la mayor parte son adolescentes jugando a vivir una revolución low cost mientras acuden a una verbena. De las actuaciones que en concreto pasen en una fiesta, con gente bebiendo y en masa pues no me espero nada bueno. Pero lo que es terrible es la actuación de Marlaska. La inclusión en todos los argumentarios de los cachorritos del PSOE y de Podemos de alguna derivación del “es que van provocando”.

Para añadir, un espectáculo especialmente grotesco, el del perímetro feminista del PSOE, que se tira años hablando de micromachismos y mansplaining, y cuando un militante socialista se baja los pantalones delante de las diputadas de Ciudadanos, a las que previamente han insultado y amenazado, oye, las feministas del PSOE no emiten ni siquiera un sonidito de protesta. La sororidad era esto, bonita.

El escritor Andreu Jaume recordaba en una entrevista que, durante el 6 y 7 de septiembre de 2017, se sintió “violado como ciudadano”. ¿Le parece una reacción exagerada?

Septiembre y octubre de 2017 es el 23F golpista de mi generación. Es la plasmación tangible de una voluntad autoritaria y antidemocrática que desde el poder pretendía usurpar los derechos de ciudadanía de todos los españoles y muy especialmente de los catalanes.

Lo terrible es tener que escuchar hoy a portavoces y terminales mediáticos haciéndonos creer que lo que vivimos fue todo una exageración. Dicen que como estaba todo mal planeado es que en realidad no había voluntad de ruptura. Que era una escenificación para negociar. Una performance. Como el atraco al banco estaba mal ejecutado y la policía los detuvo, deberíamos hacer como que en realidad el atraco iba en broma.

Son muchos los que lamentan la fractura existente en la sociedad catalana. Pero, ¿qué puede hacerse para superarla?

No tengo ni idea. Sé que los fundamentales en los que se hunde la actual fractura vienen de tiempo atrás, su origen es la construcción de una comunidad política de tintes segregacionistas. Sé también que la fractura de hoy se da en una sociedad que está sumergida hasta el cuello en política, tanto que no hay espacios que no hayan quedado contaminados de lazos y liturgias. Hay una intoxicación político/religiosa permanente en la sociedad catalana. Por tanto, y como a priori ¿Debemos marcar como deseable retornar al equilibrio anterior a la gran fractura de hoy? Rotundamente no. Era y es injusto.

Volviendo a la pregunta, hay una inversión de la carga de la prueba bastante reiterada y es la idea de que debe ser el constitucionalismo quien ofrezca propuestas novedosas a las élites secesionistas para que se pongan cómodos en España. Mire no, eso sólo alimenta la espiral que nos ha traído hasta aquí. Yo no le ofrezco ni más ni menos que la Constitución actual o por los cauces establecidos su reforma, que es a lo que todo hijo de vecino, sea asturiano, gallego o extremeño, tiene derecho en este país. Si usted siente el vacío existencial de las sociedades de la sobreabundancia contemporáneas y cree que el resto de españoles debemos satisfacerlo dándole la épica de la independencia —o por lo menos el referéndum— le aconsejo que vaya a terapia que nos saldrá más barato a todos.

Por su parte, el secesionismo sigue negando división alguna. ¿No debería preocuparles esta situación?

Cuando escucho a Torra y a Puigdemont no veo que tengan interés alguno en superar ninguna fractura. En todo caso, quieren agravarla. Y ERC, “los moderados”, lo que quieren es ensanchar la base del independentismo para continuar con el proyecto. No hay ninguna pretensión de integración de la pluralidad en su proyecto de comunidad.

En cualquier caso, lo único que yo haría para superar la división es explicar muy claro lo que hará una y otra vez el Estado democrático y constitucional si vuelven los secesionistas a intentar provocar esa fractura. Si vuelven a intentar un proceso rupturista como el de septiembre y octubre de 2017 volveremos a aplicar la Ley, pero añadiría que se activará el 155, y por causa de la pérdida definitiva del supuesto de lealtad federal se debiera suspender la autonomía para veinte años. Como mensaje especial para los Toni Soler y productoras asociadas añadiría que TV3 pasaría a ofrecer contenidos constitucionalistas en catalán y en castellano. Con más o menos chirriar de dientes, en seis meses los bufones estarían dando vivas a sus nuevos amos.

También una declaración sincera, tallada en piedra o madera, que aclare lo que volvería a ocurrir si las élites independentistas fantasean de nuevo con usurpar por la fuerza los derechos de su comunidad. Hay que adoptar un tono tranquilo y pedagógico en todo esto. Hay que explicarle a unas élites rebozadas en bienestar y posmodernismo que nos tomamos en serio lo de defender los derechos políticos de los españoles. “Whatever it takes” que dijo Draghi. O el más lejano «Just watch me» de Pierre Trudeau.

¿Y esas advertencias bastarían?

Tenemos la suerte de vivir en un país donde el soberano es un Estado de derecho, constitucional, social y democrático. Mis hijos viven y crecen en un país igualitario y próspero, que debe vivir con orgullo su pluralidad. Pero vivir en esa excepcionalidad histórica es algo que nos ha sido dado, y debemos tener la convicción suficiente para defenderlo sin complejos. Hay cuestiones básicas que haríamos bien en traer a la esfera pública de opinión: La paz, la concordia, la pluralidad sólo se alcanza cuando el soberano no está en disputa. La alternativa a lo que tenemos es la tribu.

Hechas esas declaraciones pedagógicas, dejaría que la sociedad catalana se fuese desintoxicando de la política sin forzarles a ello. No hay mejor metadona que más playa, paella y críos. Y permitir a la gente disfrutar de un helado en el paseo de Altafulla, mientras baja la luna, sin tener que pensar en todas estas cosas.

Por Óscar Benítez

 

TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: CiudadanosGolpe de EstadoÓscar BenítezPedro Herrero
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