El servicio de Rodalies en Cataluña vuelve a encaminarse hacia el caos diario. Las centrales sindicales Comisiones Obreras (CCOO) y UGT han registrado formalmente una convocatoria de huelga parcial para los próximos días 27 de mayo y 5 de junio. Esta decisión amenaza con paralizar de nuevo la movilidad de miles de ciudadanos que dependen del tren para acudir a sus puestos de trabajo. La izquierda sindical recurre otra vez a la presión en las vías, evidenciando la incapacidad crónica de la administración para garantizar la estabilidad de un servicio público esencial.
La convocatoria ya es una realidad administrativa, aunque los sindicatos mantienen abierta la puerta de la negociación con la Generalitat durante las próximas dos semanas. La estrategia de la tensión busca forzar concesiones de última hora en los despachos del Govern, un ejecutivo que sigue mostrando serias dificultades para gestionar las competencias ferroviarias transferidas. El malestar laboral latente demuestra que las promesas políticas de diálogo y reconciliación social no se traducen en mejoras reales sobre el terreno.
Entre las principales reclamaciones de CCOO y UGT destaca el cumplimiento estricto de los acuerdos firmados el pasado mes de febrero, los cuales consideran papel mojado. Las centrales exigen la presencia obligatoria de un interventor en cada tren de media distancia, una medida destinada a mejorar el control del servicio. Asimismo, el pliego de demandas incluye incrementos salariales y una ampliación de la plantilla, peticiones habituales que chocan con la rigidez presupuestaria de una administración catalana más centrada en el relato político que en la eficacia de su gestión.
Por su parte, el Sindicato de Maquinistas (SEMAF), mayoritario en el sector, ha decidido desmarcarse de esta movilización. Esta fractura en el frente sindical rebaja la intensidad de los paros, pero refleja la división interna sobre cómo abordar la crisis ferroviaria. SEMAF prefiere centrar sus esfuerzos en que el Govern cumpla los pactos alcanzados tras los trágicos accidentes de Gelida, donde falleció un maquinista en prácticas, y Adamuz. Su prioridad actual pasa por exigir las inversiones comprometidas en infraestructuras y seguridad, antes de sumarse a nuevos pulsos laborales.
El escenario actual deja al descubierto las costuras de la gestión ferroviaria en Cataluña, atrapada entre las exigencias laborales y la falta de inversión real. Los usuarios, atrapados de nuevo en medio de este conflicto, contemplan con resignación cómo los servicios básicos se deterioran mientras la Generalitat y los sindicatos afines no logran encauzar una solución definitiva. Las próximas dos semanas serán clave para comprobar si el Govern tiene capacidad de reacción o si Cataluña se asoma a un nuevo periodo de parálisis en el transporte.
NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 5, 10, 20, 50 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















