Pedro Sánchez ha echado el resto en Sevilla para intentar salvar los muebles del socialismo andaluz. El presidente del Gobierno y líder de las siglas del PSOE acudió este viernes al cierre de campaña con un optimismo que choca con la realidad demoscópica, vaticinando una victoria de María Jesús Montero que pocos analistas ven viable. La implicación personal de Sánchez en esta campaña demuestra que Ferraz es consciente de que un descalabro en el sur debilitaría aún más la ya erosionada estabilidad de la Moncloa.
El escenario elegido fue el Palacio de Exposiciones y Congresos de la capital hispalense, donde el aparato del partido logró congregar a unos 3.500 fieles. Desde la tribuna, el jefe del Ejecutivo central recurrió a la habitual retórica de la autocomplacencia para ensalzar a su candidata, asegurando que será un honor recibirla como presidenta autonómica. Sánchez insistió en dibujar a Montero como el supuesto ejemplo de la militancia y el servicio público, en un claro intento de reanimar a un electorado de izquierdas que se muestra notablemente apático. Presentó a Montero, que tuvo hace unos días un grave resbalón al asegurar que dos guardias civiles muertos mientras perseguían a unos narcotraficantes habían padecido un «accidente laboral», como «la mejor candidata posible».
Por su parte, la candidata socialista prefirió optar por la estrategia del miedo y la polarización en sus últimos minutos de campaña. Montero reclamó el voto de manera desesperada y llegó a plantear la cita electoral del domingo como un auténtico referéndum sobre la supervivencia de los servicios públicos. Este marco discursivo, que sitúa permanentemente a la sanidad en el centro de la diana, evidencia la falta de propuestas reales de gestión y la dependencia del PSOE de los viejos mantras del agravio.
La realidad es que el socialismo andaluz acude a las urnas con el desgaste de la marca Moncloa a sus espaldas y una gestión nacional severamente cuestionada. El hiperliderazgo de Sánchez, lejos de sumar enteros, se ha convertido en un lastre en territorios donde el votante moderado rechaza los pactos con partidos separatistas. Mañana domingo los andaluces decidirán si compran el relato de la resistencia socialista o si, por el contrario, consolidan el cambio político en la región.
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