Entrevista a Jorge Bustos: “El nacionalismo es el machismo de los pueblos”

Jorge Bustos. Foto: Alberto Di Lolli.

El columnista Jorge Bustos (Madrid, 1982) es jefe de opinión del diario El Mundo y autor de libros como Crónicas biliares o el reciente Vidas cipotudas. Momentos estelares del empecinamiento español. Mordaz y desacomplejado, Bustos denuncia en esta charla con elCatalán.es que el llamado derecho a decidir es solo un pretexto para el supremacismo y la insolidaridad.

En un artículo se refería al nacionalismo como una ideología “intrínsecamente perversa”.

Claro. El nacionalismo es una enfermedad moral que te convence de que eres más que los demás por el hecho casual de haber nacido en una localización geográfica determinada, a la que revistes de mitos legitimistas. Luego habrá nacionalistas encantadores, claro. Pero portan una ideología que los empeora como animales políticos: les tienta permanentemente hacia la exclusión, el egoísmo, y en los casos más extremos, el supremacismo y la limpieza étnica. El nacionalismo es el machismo de los pueblos.

También ha señalado que el procés es una “gigantesca apropiación indebida”.

Es un robo. “Vosotros, andaluces o murcianos, que vinisteis como emigrantes a currar de lo que no querían los catalanes puros y labrasteis como obreros la prosperidad de Cataluña, ahora os quedáis sin derecho de propiedad sobre la tierra que habéis hecho rica a no ser que comulguéis con el separatismo”. Eso es el procés. Robar la soberanía de todos es infinitamente más grave que robar dinero público con tarjetas black; primero, porque es mucho más dinero; y, segundo, porque es mucho más inmoral, porque es el dinero que la solidaridad estatal redistribuye entre los más necesitados. El Estado es de todos y la nación también.

Félix Ovejero ha publicado un ensayo en el que denuncia la “deriva reaccionaria” de parte de la izquierda contemporánea. ¿Suscribe el dictamen?

Sin duda. La izquierda desde que cayó el Muro, como se quedó sin recetas económicas, se volcó en recetas identitarias; sigue predicando la igualdad pero en realidad propone el privilegio para unas minorías concretas en espera de revancha o discriminación positiva  sobre la base de su condición de víctimas históricas. El problema es que eso destruye la noción de ciudadanía que fue la gran conquista de la izquierda clásica, ilustrada. La izquierda mainstream hoy es una patética pugna por imponer agendas de pijoprogres; por eso sus bases se pasan a la derecha populista.

Para el ensayista Juan Claudio de Ramón, en una democracia el derecho de autodeterminación solo puede ser “autosegregación”. ¿Le parece legítimo el llamado derecho a decidir?

El derecho a decidir no es un concepto jurídico sino una carta a los reyes magos. Es como el derecho a follar. Usted lo ejercerá si le dejan, de lo contrario está violando a alguien. Hay unas reglas, votadas por todos. Y todos los Estados tienen como primer deber el mantenimiento de su integridad; solo pueden segregarse pueblos colonizados por metrópolis brutales, como pasaba en África. Lo que se han inventado los publicistas del procés es una cursilada para pijos que no quieren pagar impuestos que ayuden a los pobres. Todo envuelto en mucho folclore, pero supremacismo al fin y al cabo: nos queremos ir porque nos dais asco y pasamos de seguir contribuyendo a la Hacienda común.

En una misma semana, Manuel Valls ha sufrido dos escraches por grupos autodenominados “antifascistas”. ¿Cómo explica que se perciban como tales?

El antifascismo es un mitómano adolescente —da igual la edad— que necesita sentir que sigue luchando contra Hitler o Franco como esos héroes cuyas hazañas ha leído o le han contado sus ancestros. En una democracia el antifascismo no existe: existe el fascismo que se viste de antifascismo para construir un enemigo imaginario contra el que luchar para legitimarse. Como escribí a propósito de un escrache a Ortega Lara, el antifascista hoy es el único animal que se inventa a su propio depredador para sobrevivir. Inventa fachas para justificar su propia pulsión violenta.

Por su parte, los informativos de TV3 se han referido en más de una ocasión a los políticos catalanes en prisión como “presos políticos”. ¿Ha sido esta cadena determinante en el procés o, como sostienen otros, se sobrevalora su importancia?

Ha sido determinante. Si la gente viajara y leyera libros no votaría a un ser como Puigdemont. Pero la gente ve la tele, que es más cómodo. Y si la tele ideológica le dice que es mejor que los demás y tiene derecho a todo, pues la ve con más ganas, claro.

Los alumnos castellanohablantes fracasan el doble en Cataluña que los catalanohablantes, mientras que los inmigrantes lo hacen el triple que en otras comunidades. Siendo así, ¿por qué parte de la izquierda sigue defendiendo la inmersión obligatoria en catalán?

Es que la inmersión no fue un invento del nacionalismo sino de la izquierda, del PSUC, porque su argumento era de clase: si los inmigrantes aprenden catalán tendrán más facilidad para integrarse y tener mejores condiciones de vida. Lo que ocurrió luego es que Pujol advirtió el potencial de la lengua propia no como instrumento de integración, sino como vehículo de cohesión nacional y segregación del distinto. Ello le permitió inventarse una patria que descansaba sobre la lengua en lugar de la etnia, lo que obliga a estigmatizar el castellano. Hasta llegar al disparate totalitario actual en que se usa el catalán como la limpieza de sangre en tiempos de la Inquisición, además de como pujante industria del sectarismo mediante colocaciones y subvenciones.

El historiador John H. Elliot ha opinado recientemente que España no ha reconocido lo suficiente la singularidad catalana. ¿Está en lo cierto?

Con todos los respetos para don Elliot, se equivoca. Por muy bien que conozca España, ese comentario es propio del Hemingway de salacot o el Irving romántico. En realidad, lo que ocurre desde hace décadas es que la Generalitat no reconoce lo suficiente la singularidad castellana en Cataluña. Hasta que los catalanes españoles han dicho basta y se resisten a ser extranjerizados. El nacionalista satisfecho es una contradicción en los términos que hasta un hispanista puede entender.

Por Óscar Benítez


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ElCatalán.es ha iniciado una campaña de crowdfunding para editar un libro dedicado a analizar y denunciar el adoctrinamiento escolar en los centros educativos en Cataluña. Los interesados en ayudar económicamente para poder sacar adelante este proyecto pueden hacerlo en este enlace.

Los partidos secesionistas han decidido que las escuelas catalanas no han de ser centros de educación, sino de adoctrinamiento escolar, en el que crear futuros votantes de la República catalana que ansían crear. Para eso no dudan en intentar utilizar las aulas para sus fines.

Este libro hablará con profesores, padres de alumnos y miembros de entidades cívicas constitucionalistas para denunciar la manipulación de la Generalitat en el ámbito escolar.

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