Entrevista a Ignacio Varela: “El nacionalismo es la antesala de la xenofobia”

Ignacio Varela en los estudios de Onda Cero.

Consultor político de dilatada experiencia, el periodista Ignacio Varela colabora actualmente en medios como El Confidencial y Onda Cero. En esta entrevista con elCatalán.es, Varela se muestra especialmente preocupado por el auge del “nacionalpopulismo”, fenómeno que considera el “cáncer político” de nuestro tiempo.

En un artículo en El Confidencial, se refería a Podemos y Vox como partidos “populistas”. ¿Qué tienen en común dos partidos tan distintos entre sí?

Lo que tienen en común es precisamente su condición de populistas. Entiendo por tales aquellos productos políticos que consisten en excitar deliberadamente los atavismos emocionales —singularmente, los más hostiles, como el miedo o la ira—. En abrir brechas dicotómicas (los de arriba versus los de abajo, los buenos patriotas vs. la antipatria) para dividir a la sociedad en bandos irreconciliables. En secuestrar la voluntad del pueblo (si es que tal cosa existe) y hablar en su nombre. En suministrar soluciones simples para los problemas complejos. En cuestionar la institucionalidad de la democracia representativa para suplantarla por variaciones plebiscitarias y, a la postre, caudillistas. Y por supuesto, en despreciar la frontera que separa la verdad de la mentira.

Cuando se combina con el nacionalismo (lo que ocurre casi siempre), estamos ante el nacionalpopulismo, que fue el cáncer político de la primera mitad del siglo XX y, por desgracia, lo está siendo también en este principio del XXI. Esos rasgos son reconocibles en Podemos y en Vox, pese a ser antagónicos en muchas otras cosas.

El nacionalismo catalán suele apelar a un sentimiento que el resto de España “no puede comprender”. A su juicio, ¿qué papel deben de tener los sentimientos en la esfera política?

Los sentimientos forman parte de la condición humana, y la política la hacemos los humanos. Más que bueno o malo, ignorarlos es simplemente inútil. Otra cosa es instrumentalizarlos, exacerbarlos o manipularlos al servicio de un proyecto de poder. Hoy lo primero que se exige a un líder político es que ilusione a la gente. Forma parte de la infantilización colectiva, que es un signo de nuestro tiempo: no queremos dirigentes responsables, sino contadores de fábulas. Hay una gran demanda de cuentos en esta sociedad.

Torra ha llamado “bestias taradas” a los catalanes castellanoparlantes, Pujol se refirió al andaluz como un “hombre destruido” y Junqueras habló de diferencias genéticas entre catalanes y el resto de españoles. ¿Qué relación existe entre nacionalismo y xenofobia?

De alguna forma, los ejemplos que cita en la pregunta ya contienen la respuesta. El nacionalismo es la antesala de la xenofobia. La nacionalidad es un hecho; el nacionalismo, una ideología. Y por definición, es beligerante. Cuando el hecho de haber nacido en un lugar se convierte en el eje de tu visión del mundo y de tu posición política, es inevitable terminar enfrentando tu identidad nacional a las demás. El nacionalismo siempre necesita un enemigo, alguien contra el que afirmarse. Lo característico del nacionalismo catalán es que su xenofobia se expresa específicamente como hispanofobia. Aunque hay textos estremecedoramente racistas y supremacistas como los de Heribert Barrera, mentor político de Junqueras.

Según un estudio reciente, el 98,5% de los centros escolares catalanes veta el uso del castellano en pasillos, patio y comedor. ¿Qué opinión le merece el sistema de inmersión lingüística que se aplica en Cataluña?

Muestra el propósito sostenido de acabar, desde el poder político, con el hecho de que la sociedad catalana es histórica y culturalmente bilingüe. La propia expresión, “inmersión lingüística”, me parece terrible en su literalidad. En el fondo, es la versión invertida de lo que intentó hacer Franco. El lenguaje es una de las dos o tres cosas sustanciales que nos distinguen de otras especies zoológicas. Usarlo en un proyecto de homogeneización cultural me parece aberrante y peligroso.

Pero en esto también han tenido mucha responsabilidad los sucesivos gobiernos españoles. Como dijo Rubalcaba, España aceptó irse de Cataluña antes de que Cataluña se planteara seriamente irse de España. Ahora pagamos las consecuencias.

Pese a carecer de presupuestos, la Generalitat ha aumentado la subvenciones a los medios digitales en catalán un 12% con respecto al año anterior. ¿Hasta qué punto es responsable el sistema mediático catalán de lo ocurrido en Cataluña?

 Suponiendo que los medios de comunicación privados deban recibir subvenciones públicas —lo que nos llevaría a otro debate—, todo lo que se desvíe de la más estricta asepsia es institucionalmente tóxico. Otro de los problemas del nacionalismo en el poder es que, pese a actuar en un marco formalmente democrático, sus prácticas contienen inevitablemente gérmenes totalitarios. El control político de los medios es uno de ellos.

El exconseller Toni Comín, actualmente huido de la justicia, ha asegurado que Junts Per Catalunya no es un partido nacionalista, sino “republicano”. ¿Está en lo cierto?

En la medida en que Junts per Catalunya es la enésima reformulación de la antigua Convergència, eso es un embuste. Los convergentes descubrieron la república hace escasamente tres años. Esa versión del nacionalismo que encarnan gentes como Puigdemont y Torra enlaza directamente con el carlismo, que no era precisamente republicano. Una afirmación como esa quizá tendría más sentido —aunque seguiría siendo discutible— en boca de alguien de ERC.

Tanto Podemos como los comunes suelen denunciar la “judicialización de la política” y defender que un “problema político requiere una solución política”. ¿Qué le parece dicho planteamiento?

Decir que los problemas políticos requieren soluciones políticas es una solemne perogrullada. Los problemas médicos requieren soluciones médicas; pero si un cirujano se dedicara a liquidar a sus pacientes en el quirófano, ya no estaríamos ante un problema médico, sino de política criminal.

Con la misma lógica de la obviedad, puede afirmarse que los problemas judiciales requieren soluciones judiciales. Y que yo sepa, la violación del Código Penal nos remite directamente al ámbito de lo judicial, la cometa quien la cometa.

Lo que hay tras esos planteamientos es la pretensión de extrajudicializar la política; establecer una especie de fuero político, un espacio impune que legitimaría la ignorancia de las leyes cuando se produce en el ámbito de la política. Lo que hicieron los responsables de la Generalitat en el otoño de 2017 fue un uso corrupto y delictivo del poder. Pretender que la Justicia no se dé por enterada de eso subvierte los fundamentos de la democracia.

Ciudadanos ha elegido como socio preferente en las elecciones municipales al Partido Popular. ¿Es una estrategia acertada?

El plan actual de Ciudadanos es apostatar de su condición de partido bisagra —que es la función histórica que muchos le atribuyen— y liderar la alternativa de poder de la derecha española. Como estrategia partidaria, es tan legítima como cualquier otra, guste más o menos.

La doble pregunta sería: a) si la están aplicando de la forma más efectiva o su forma de llevarla a cabo los conducirá a sucursalizarse respecto al PP, como le ha ocurrido a Podemos respecto al PSOE; y b) Si en ese camino no estarán incurriendo en contradicciones que desnaturalizan aquello que hizo de Ciudadanos una opción atractiva para mucha gente.

Cualquier observador externo que examinara el mapa parlamentario español tras las elecciones del 26-M, concluiría que la fórmula natural y más estable sería un gobierno europeísta de socialdemócratas y liberales. En política como en la vida, cuando se opta por lo antinatural cuesta más trabajo explicarlo.

Según el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, “esta legislatura debe servir para que los independentistas pierdan la esperanza” y les advierte de que “o se pliegan a Sánchez o será el presidente más implacable”. ¿Cree que será así?

Lo que tienen que perder los independentistas no es la esperanza, sino su vocación supremacista y su afición a pasar por encima de la ley para conseguir sus objetivos. No sé en qué consiste “plegarse a Sánchez”, habría que preguntar por ello a los dirigentes socialistas. Pero coincido en que en esta legislatura probablemente veremos a un Sánchez distinto al de su primer periodo en el Gobierno, también en lo que se refiere a su relación con los partidos independentistas.

Por Óscar Benítez


ElCatalán.es ha iniciado una campaña de crowdfunding para editar un libro dedicado a analizar y denunciar el adoctrinamiento escolar en los centros educativos en Cataluña. Los interesados en ayudar económicamente para poder sacar adelante este proyecto pueden hacerlo en este enlace.

Los partidos secesionistas han decidido que las escuelas catalanas no han de ser centros de educación, sino de adoctrinamiento escolar, en el que crear futuros votantes de la República catalana que ansían crear. Para eso no dudan en intentar utilizar las aulas para sus fines.

Este libro hablará con profesores, padres de alumnos y miembros de entidades cívicas constitucionalistas para denunciar la manipulación de la Generalitat en el ámbito escolar.

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