
Comentario editorial de elCatalán.es
El fascismo avanza a marchas forzadas en Cataluña. El fascismo que lleva a unos energúmenos a lanzar pintura amarilla al eurodiputado Jordi Cañas. O un mechero a la cabeza de la diputada de Cs Laura Vílchez.
Son los mismos fascistas que insultaron a Xavier García Albiol cuando estaba con su hija en un espectáculo, los que atacaron el coche de Alejandro Fernández, los que agredieron a militantes socialistas que pegaban carteles, los que talaron árboles en la casa de Albert Boadella o los que señalaron el domicilio de Tomás Guasch.
Por no hablar de cómo intentan boicotear restaurantes en Blanes o Barcelona, como amenazan y amedrentan a los padres que piden enseñanza en castellano para sus hijos o ponen una bandera rojigualda en su balcón.
Se autodenominan ‘bona gent’, pero se concentran para amenazar y presionar a regidores constitucionalistas, atacan las sedes de los partidos no nacionalistas e insultan y agreden a los que intentan que el espacio público sea de todos, y no solo de los que quieren pintar de amarillo.
No todos los secesionistas son fascistas, la mayoría no lo son, pero este germen totalitario avanza a marchas forzadas entre sus filas. Y cada día son más. Y actúan con más impunidad ante la complicidad de las autoridades y buena parte de mucha de la ‘bona gent’ que no pega, ni señala, pero aplaude y aprueba estas acciones totalitarias.
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