Catalunya vive una preocupante deriva en materia de seguridad ciudadana que las administraciones públicas no logran contener, sobre todo en ciudades gobernadas por el PSC. Tras la oleada de tiroteos que en las últimas semanas ha afectado a Barcelona y a L’Hospitalet de Llobregat, le ha llegado el turno a Viladecans y Sabadell, también en la principal área metropolitana de esta comunidad autónoma.
El último episodio de esta preocupante escalada violenta tuvo lugar este jueves por la tarde en Sabadell, tal y cómo ha relatado el digital ElCaso.cat. Un tiroteo en plena calle se saldó con al menos una persona herida por arma de fuego. Los Mossos d’Esquadra han abierto una investigación para esclarecer un suceso que vuelve a encender las alarmas.
El escenario de los hechos fue el barrio de Can Puiggener, una zona de Sabadell con una crónica y compleja realidad social. En la calle de Joan Balart, varios disparos rompieron la tranquilidad del anochecer. La víctima, cuya gravedad y pronóstico aún no han trascendido de forma oficial, tuvo que ser evacuada de urgencia a un centro hospitalario cercano tras recibir los impactos.
La policía autonómica trabaja ahora con una descripción preliminar de los vehículos implicados en la reyerta. Los primeros indicios apuntan a que los agresores huyeron a bordo de una furgoneta Citroën Berlingo de color azul. Asimismo, los agentes localizaron en el lugar del suceso otro automóvil que presentaba dos impactos de bala claramente visibles en la puerta posterior.
Por el momento, el operativo policial no ha dado frutos en forma de detenciones y los autores de los disparos continúan en paradero desconocido. En el dispositivo de respuesta también participó activamente la Policía Municipal de Sabadell. Este cuerpo local se encargó de emitir una alerta rápida con los datos del vehículo fugado a los municipios colindantes para cerrar las vías de escape.
Los investigadores centran sus pesquisas en el entorno de los clanes familiares que residen en este conflictivo sector de la ciudad. El objetivo es determinar si el tiroteo responde a un ajuste de cuentas o a una disputa interna entre bandas locales. La falta de autoridad y la cronificación de la delincuencia en ciertos barrios catalanes dificultan la labor diaria de las fuerzas de seguridad.
Este grave incidente no es un hecho aislado, sino que se enmarca en una tendencia que parece desbocada en la comunidad autónoma. Tan solo veinticuatro horas antes, la localidad de Viladecans fue escenario de otro espectacular tiroteo. La proliferación de armas de fuego en el territorio catalán empieza a ser un problema estructural que requiere un análisis político profundo y autocrítico.
En el caso de Viladecans, el ataque se produjo a plena luz del día en la terraza de un establecimiento hostelero de la zona de Vilamarina. Dos coches, uno con matrícula del país y otro con placas alemanas, abrieron fuego antes de emprender una huida a gran velocidad por la autopista C-32 en dirección sur. En esa ocasión, afortunadamente, no se registraron víctimas mortales ni heridos.
La acumulación de estos episodios delictivos evidencia un preocupante deterioro del orden público que las políticas buenistas de la izquierda gobernante no consiguen frenar. La gestión de la seguridad en Catalunya, a menudo condicionada por complejos ideológicos ajenos a la realidad de la calle, se demuestra insuficiente ante el desafío de las mafias y la delincuencia organizada.
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