El martes 10 de diciembre de 2019, en Ginebra, el aparato separatista y supremacista catalán volverá a tener una tribuna de elección.
El Club Suizo de la Prensa (CSP) ya lo hizo el año pasado por esta misma época: organizar un encuentro de líderes separatistas catalanes como Carles Puigdemont, Marta Rovira y el lobista Nico Krisch –conocido en las redes sociales por verter regularmente su hiel sobre España, sin ninguna cortapisa– presentando así una única versión sobre la crisis catalana. Esta forma de actuar queda muy lejos del periodismo de investigación y de la búsqueda de la verdad.
En ese momento, el intercambio de correos electrónicos entre el que suscribe y Guy Mettan, el ex director, fue virulento. Mettan considera a Puigdemont y Rovira víctimas de una opresiva dictadura española. Nada más alejado de la realidad. Los dos prófugos fueron responsables del intento de golpe de Estado de los días 6 y 7 de septiembre de 2017. El primero es el representante designado por una burguesía catalana corrupta y corruptora.
La segunda es la secretaria general de una formación política de extrema izquierda de ideología marxista-leninista que nadie querría en Europa. La misma izquierda republicana catalana que creó los primeros campos de concentración en Cataluña, en 1934, y las matanzas en masa alentadas por el asesino y psicópata Lluís Companys.
Hace poco más de dos años, la Comunidad Autónoma de Cataluña fue víctima de un ataque a gran escala contra la democracia y contra los aproximadamente 5,4 millones de catalanes no separatistas. O sea, contra la mayoría social catalana cuya existencia es silenciada por nuestros medios de comunicación. El próximo martes, Pierre Ruetschi, el nuevo director del CSP, reunirá a un grupo de ocho oradores, entre los que figura un coordinador del grupo de presión de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) que sólo representa a los separatistas y no a todos los catalanes.
Se trata de la misma entidad que anima a los pomposamente llamados Comités de Defensa de la República (CDR) por el camino de la violencia y la guerrilla urbana en las calles catalanas. También se anuncia la asistencia de un miembro de Omnium Cultural. Otro lobby conocido por la producción y distribución de videoclips dignos ejemplos de manipulación de masas en las peores dictaduras. A la responsable vasca de un observatorio de los derechos humanos se suman otros oradores que afirman ser especialistas en derechos humanos e incluso en derechos lingüísticos.
Todas estas estupendas personas celebrarán una conferencia de prensa en la que tirarán con balas de cañón contra España, una democracia muy bien considerada por todas las instituciones oficiales y serias, y, además, un socio político y económico de Suiza. Tenemos el derecho de preguntarnos a qué juega el Club Suizo de la Prensa. ¿Qué ventajas puede obtener el Club Suizo de la Prensa al exponer siempre solo una parte de la realidad? ¿Por qué hace eso? ¿Hay alguna implicación ajena? Todavía hay tiempo para que los amantes de la democracia y del buen periodismo de investigación –a diferencia de los propagandistas– se manifiesten por escrito y protesten contra tales eventos absolutamente tendenciosos y al servicio de los propósitos de un aparato separatista que cultiva el supremacismo y la xenofobia en Europa. Nos enfrentamos a una ideología totalitaria de exclusión. Es una situación que nos concierne a todos.
François Meylan
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