Es posible que, tras la visita al RCDE Stadium del equipo que mejor representa la historia del fútbol a nivel mundial, como es el Real Madrid, no sea del todo acertado plasmar mi crítica a la situación del equipo blanquiazul. Pero, sea o no el momento, viendo la proximidad del final de la temporada y, especialmente, la cercanía de los puestos de serio peligro para un susto mayúsculo que era del todo inesperado, me obliga a dar un toque de atención al club de mis amores.
Un club al que siempre he querido, pero que confieso me dejó bastante descolocado tras su cambio de nombre y de himno, factores que he acabado justificando por intereses debidos a la presión política y ese enfermizo fanatismo que hemos de aprender a superar, obligando a seguir los criterios y las paranoias del separatismo minoritario en la sociedad, pero dominante en la política. Una contaminación de lo deportivo que, como todo lo demás en estas latitudes, infecta y domina cualquier ámbito de nuestra comunidad.
El Español, que siempre será “campeón del señorío”, ha pasado de ilusionarme durante la primera parte de la temporada, en donde hemos estado de forma inamovible entre los equipos con plazas para competir en Europa el año que viene, rozando ese sueño embriagador de llegar a poder jugar en Champions, a vernos abocados a un cierre de curso escolar en donde esperemos que no tengamos que llegar a la recuperación.
El colchón acumulado a lo largo de la primera veintena de jornadas nos puede salvar la papeleta. De hecho, si la primera vuelta hubiera sido tan fructífera en puntos como lo que llevamos durante la segunda vuelta, ya seríamos a estas alturas carne de segunda división con varias jornadas pendientes de celebrar.
Con muchas incógnitas por delante, el suspenso en el cierre de temporada está a la vuelta de la esquina, dada la proximidad preocupante de los puestos de descenso. Al ritmo decadente que llevamos, en el que ya ni recuerdo la última victoria y que ha supuesto una caída en picado que destroza todo sueño perico, el margen mínimo actual me parece de un peligro incalculable, viendo el deterioro clasificatorio que vamos acumulando con el paso de las jornadas.
Creo que la propiedad del club nos ha defraudado y, en una trayectoria que cuesta asimilar, el factor clave que en la primera parte de la temporada le llegó a otorgar reconocimientos varios, al poner a nuestro entrenador en un valor que nos hacía estar en las nubes, se ha diluido de un modo angustiante. No cuestionaré más de la cuenta la capacidad de Manolo González, que sigo pensando que es un gran mister, pero algo no acaba de cuadrar en el entramado deportivo de un club que tiene a su primer equipo contra las cuerdas, inmerso en una dinámica de falta de puntos que nos puede llevar a un gran susto con el pitido final de la jornada 38.
Espero que la fortuna nos mire en estos pocos partidos que restan y nos podamos librar del descenso con solvencia, sin poner en peligro el que palpita en nuestros pechos, pudiendo enfocar la siguiente temporada con una renovación de expectativas que nos devuelva la ilusión. Inquebrantablemente, el orgullo de ser españolista no se pierde nunca y la motivación por ver a nuestro equipo compitiendo en lo más alto es inamovible, pero, la propiedad, el equipo técnico y los jugadores han de ponerse las pilas y estar a la misma altura que los aficionados, los únicos que seguro acabarán con nota esta temporada.
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