El 125º aniversario del Espanyol no es solo una cifra redonda ni una efeméride más en el calendario deportivo. Es una oportunidad histórica para reconstruir la identidad, la ilusión y la conexión entre el club y su afición. Una fecha que no solo mira al pasado glorioso, sino que invita a proyectar un nuevo futuro.
Durante años, el Espanyol ha vivido un periodo de desconexión institucional y emocional. La gestión distante y hermética del anterior presidente, Chen Yansheng, dejó al club en una especie de silencio administrativo y afectivo. Se perdía el pulso con la grada, con los socios y con la propia ciudad. El club sobrevivía, pero no latía.
Con la llegada de Alan Pace, esa sensación ha empezado a cambiar. El nuevo propietario y presidente ha entendido desde el primer momento que el fútbol no solo se dirige, se siente. Y lo ha demostrado con gestos concretos: dejándose ver en el estadio, hablando con los aficionados, participando en actos del club y concediendo entrevistas a los medios, grandes y pequeños, sin miedo al contacto ni a la opinión pública.
Pace ha comprendido algo esencial: la comunicación directa y la presencia constante generan confianza. El Espanyol, un club con un fuerte sentimiento de pertenencia, necesitaba volver a sentir que quien lo dirige comparte su pasión. No basta con invertir dinero o prometer proyectos; hay que pisar el césped, saludar en la grada, escuchar críticas y mirar a los socios a los ojos.
El 125º aniversario ha servido de escenario ideal para reforzar ese vínculo. Las celebraciones, los homenajes y el ambiente festivo en torno al club han devuelto al espanyolismo un orgullo que nunca se perdió del todo, pero que necesitaba un impulso. Ver a Alan Pace implicado, cercano y accesible ha generado una energía de renovación que se percibe tanto en la afición como en el vestuario.
En este contexto, la victoria ante el Elche, con gol de Carlos Romero, fue mucho más que tres puntos: fue una metáfora perfecta del momento que vive el club. Juventud, compromiso y fe. Un equipo que vuelve a competir con alma, un estadio que vuelve a rugir y una directiva que vuelve a mirar al frente.
El reto ahora es convertir esta ola emocional en un proyecto deportivo sólido y sostenido. El Espanyol tiene historia, cantera, masa social y una afición incomparable. Lo que le faltaba era un liderazgo visible, moderno y empático. Alan Pace parece decidido a ocupar ese espacio con naturalidad y convicción.
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