La coalición de Gobierno se tensa tras un encuentro en el Congreso que, lejos de restañar heridas, ha servido para certificar el divorcio emocional entre los socios. El PSOE y el conglomerado de partidos que integran Sumar se citaron este viernes para intentar desbloquear una legislatura paralizada, pero el resultado ha sido un fracaso. Tras hora y media de reunión, el socio minoritario ha denunciado que los socialistas solo ofrecen «buenas palabras» mientras el país sigue en punto muerto
La tensión es tal que Sumar, IU, Más Madrid y los Comunes han emitido un comunicado conjunto en que lanzan una advertencia directa a Pedro Sánchez: no puede caer en la tentación de «bunkerizarse» en el Palacio de la Moncloa ni en la sede de Ferraz.
En el ala socialista, la representación recayó en Rebeca Torró y Borja Cabezón, mientras que por Sumar acudieron perfiles orgánicos como Lara Hernández o Eduardo Fernández Rubiño. La ausencia de ministros ya anticipaba que el encuentro carecía de la autoridad necesaria para tomar decisiones de calado. Lo que debería haber sido una mesa de crisis se quedó en un intercambio de reproches entre mandos intermedios, una señal más del escaso valor que el PSOE otorga a las exigencias de sus socios en este momento.
Desde la plataforma de Yolanda Díaz se ha cargado contra la actitud «inmovilista» de un Partido Socialista que parece haber agotado sus ideas. Según los socios minoritarios, esta parálisis no solo perjudica la acción de gobierno, sino que alimenta directamente el «desánimo progresista». Para Sumar, la estrategia de supervivencia de Sánchez es el mejor combustible para la «antipolítica» y un regalo directo para las expectativas electorales de PP y Vox, que observan el espectáculo desde la barrera.
La advertencia más grave, sin embargo, afecta a la supervivencia misma del Gobierno. Los partidos de Sumar han sido tajantes al afirmar que la persistencia en este bloqueo pone en riesgo real el acuerdo de investidura. Resulta evidente que el PSOE está más preocupado por blindar su estructura ante los ataques externos que por cumplir con su agenda legislativa.
Mientras el presidente se enreda en batallas judiciales y expedientes de la Junta Electoral, la gestión diaria de España queda en un segundo plano. Sumar ha entendido que su propia supervivencia electoral depende de distanciarse de un socio que los ignora y que parece haber renunciado a gobernar para centrarse únicamente en resistir.
El diagnóstico de los socios es demoledor: la cordialidad no sirve para pagar las facturas de la clase media ni para sacar adelante los presupuestos. El reproche de que el PSOE favorece la desafección ciudadana es un dardo envenenado al corazón del sanchismo. Si el Gobierno no es capaz de ofrecer avances significativos en los próximos meses, la coalición se convertirá en una jaula de grillos donde la desconfianza mutua impedirá cualquier acción política coherente.
La reunión de este viernes ha sido, en definitiva, un simulacro de diálogo que solo ha servido para subrayar la soledad de Sánchez dentro de su propia casa. El sector socialista parece haber decidido que la mejor defensa es el silencio y el repliegue, una táctica que desespera a unos socios que necesitan visibilidad para no ser devorados por la marca PSOE. El «búnker» de Moncloa es hoy una realidad que asfixia a sus propios aliados.
Con tantos retos por delante, desde la crisis de la vivienda hasta la amenaza de la peste porcina en Cataluña, el país no puede permitirse un Gobierno que gasta sus energías en discusiones internas de despacho. La falta de liderazgo es palpable y la fractura en el Congreso es ya insalvable a nivel de confianza personal. El proyecto de legislatura se desmorona ante la incapacidad de un presidente que prefiere el aislamiento a la negociación real con sus bases de apoyo.
El tiempo se agota para una coalición que nació bajo el signo de la necesidad y que hoy muere por falta de propósito común. Sumar ha avisado de que tomará «las medidas necesarias», lo que en política suele ser el preludio de una ruptura o de un chantaje permanente en cada votación. España sigue a la espera de un Gobierno que se ocupe de los ciudadanos en lugar de mirarse el ombligo en las moquetas de Ferraz.
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