Oriol Junqueras, presidente de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC) e indultado y amnistiado tras ser condenado por sedición por el Tribunal Supremo, ha alzado la voz en un momento delicado para el Partido Socialista (PSOE). Aprovechando la coyuntura de casos de acoso sexual y presunta corrupción que afectan a los socialistas, el líder separatista ha lanzado un duro ataque al sistema político español.
En un mensaje publicado en la red social X, Junqueras advirtió con contundencia: «Los que abusan y se corrompen no pueden regenerar la democracia». Esta declaración implica una descalificación directa de los partidos que han gobernado España. El dirigente independentista fue más allá, sentenciando que, en España, la corrupción es un fenómeno de carácter “sistémico y estructural”. Esta tesis cuestiona la calidad democrática del país en su conjunto.
Junqueras recordó que esta «triste realidad» se ha demostrado «tantas veces» tanto en el Partido Popular (PP) como en el PSOE, sugiriendo que ambos partidos están profundamente viciados por prácticas irregulares. El líder de ERC no se quedó en la crítica, sino que exigió “hechos y compromisos firmes” para ir más allá de las meras palabras. Reclama acciones concretas para una supuesta «democratización» de estamentos donde, según él, la democracia no ha llegado plenamente.
Esta exigencia de «democratización» la vincula de forma explícita con la lucha contra «cualquier forma de acoso sexual y de corrupción». De esta manera, Junqueras sitúa al PSOE en el centro de las críticas que afectan a la ética pública. A pesar de las críticas al bipartidismo, el republicano subrayó la «obligación política innegociable» de frenar a la extrema derecha y a la derecha extrema. Este movimiento busca equilibrar el mensaje, aunque el foco principal sigue siendo el PSOE.
Sin embargo, Junqueras se apresuró a añadir que detener a la derecha no se consigue solo con proclamas, sino “demostrando que somos mejores”. Con esto, ERC se posiciona, al menos dialécticamente, como una alternativa superior en valores. Este posicionamiento se produce justo al cumplirse un año del regreso de Junqueras a la presidencia de ERC. Su dirección ha logrado reducir, por el momento, el ruido interno, aunque persisten algunas tensiones en las federaciones territoriales, demostrando que la estabilidad no es absoluta.
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