El discurso de Felipe VI del 3 de octubre de 2017 es un hito ineludible. En un momento de profunda desazón, cuando el separatismo más fanático parecía a punto de ganar el pulso, el «no estáis solos» del Rey reconfortó a millones. Fue un mensaje de esperanza y un acicate esencial para la reacción cívica.
Aquel mensaje sirvió de catalizador. Pocos días después, un millón de ciudadanos llenaron las calles de Barcelona blandiendo con orgullo la bandera nacional. El discurso del Rey cambió la historia reciente de Cataluña, marcando un antes y un después en la defensa del orden constitucional.
Por esa firmeza, la Casa Real se ha convertido en el principal enemigo a abatir para el movimiento separatista. Y el presidente Pedro Sánchez, en su estrategia de resucitar el frentepopulismo, se suma con sumo placer a la campaña de desgaste contra Felipe VI.
Es necesario, por convicción democrática y estrategia política, defender a la Monarquía Constitucional. La Corona es un pilar fundamental para garantizar que España siga siendo un país regido por la Carta Magna, que fue masivamente respaldada por los españoles.
No se puede permitir que España degenere en un Estado fallido, dividido en territorios controlados por clanes supremacistas. Estos grupos se reparten el poder y el «botín» institucional, mientras consideran a una parte de sus habitantes como ciudadanos de segunda división.
Por supuesto, la crítica al Monarca es un derecho democrático. Se puede defender la pervivencia de la Nación española, unida y con igualdad ante la ley, y al mismo tiempo criticar a Felipe VI. La libertad de expresión es irrenunciable. Sin embargo, en el contexto actual, los símbolos comunes están siendo dinamitados por Sánchez y sus socios fanáticos. Es imperativo cuidar las instituciones que aún se mantienen en pie. La Casa Real es una de ellas.
Los partidos rupturistas saben perfectamente que el primer paso para lograr sus siniestros objetivos políticos es acabar con la Jefatura del Estado. Es el inicio del desmantelamiento del país. Una vez destruida la Corona, vendría el troceo de España. Se establecerán territorios regidos por castas que diferenciarán entre los «nuestros» y los «desafectos», entre los «auténticos» y los «colonos».
El objetivo final es claro. Los primeros, los afines, tendrían plenos derechos políticos. Los segundos, los «colonos», serían invitados a abandonar la nueva ‘República’ separatista de turno. La Monarquía parlamentaria es una garantía de nuestras libertades. La defensa de la institución es la defensa de la igualdad de todos los españoles ante la ley.
Por ello, es un imperativo cívico defender la figura de la Princesa Leonor. Ha sido educada en los valores constitucionales y está preparada para desarrollar con honor su tarea de representar la democracia española en el ámbito internacional.
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