En la Cataluña interior el dominio separatista es absoluto, y ejercen un control social tan eficaz que si te consideran un desafecto que les molesta pueden negarte el despacharte en los comercios. Y hacerte el vacío en tu negocio, o en tu puesto de trabajo, para que te largues del pueblo.
Este férreo control ha llegado, desde hace tiempo, a algunos barrios de Barcelona y su área metropolitana. Y la campañas de boicot en redes sociales a panaderías porque el dependiente no te responde en catalán, o a restaurantes porque un camarero te contesta en castellano empiezan a ser habituales.
Además de fanáticos, son clasistas, les molesta que un trabajador hable en español, pero que Leo Messi no hablara en catalán durante más de una década les dio igual. Como el delantero argentino ganaba títulos para una herramienta propagandística tan importante para el separatismo como el Barça, se callaban.
Recuerdo las veces que fui a comer en solidaridad con sus dueños a dos pizzerías barcelonesas que fueron acosadas en redes, y vandalizadas, porque algunos clientes separatistas vieron ‘agredidos’ sus ‘derechos lingüísticos’. Hay que decir «basta» ante estos acosos provocados por el fanatismo de algunos que quieren convertir Cataluña en su cortijo particular.
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