Hace unas semanas los ciudadanos españoles volvimos a sufrir la deslealtad del Gobierno de España con la tercera “Mesa de diálogo y negociación” para el asunto catalán. Otro bochornoso espectáculo, casi podría calificarse de delictivo, para todos aquellos que seguimos creyendo en la democracia y exigimos a los políticos, más todavía al Gobierno, el respeto al cumplimiento de la ley.
Según la web de La Moncloa: «Las delegaciones del Gobierno de España y del Govern de la Generalitat han llegado a un acuerdo para superar la judicialización y reforzar las garantías y a otro acuerdo para la protección y el impulso de la lengua catalana”. En esta frase se resume la política traicionera del Gobierno de España, capaz de situar un gobierno autonómico a nivel de uno nacional, como si de una cumbre bilateral se tratara. ¡Lamentable!
Todo, además, aderezado de palabrerío perverso: diálogo, progreso, avance, tiempo nuevo… para intentar camuflar la imposición separatista, lo que automáticamente significa tratar por tontos al resto de españoles.
En esa mesa de la traición, con una puesta en escena como si se tratara de una cumbre internacional, se acordaron dos cuestiones: la no judicialización de la política y la protección de la lengua catalana. Dos puntos indispensables para dar alas, más todavía, al golpismo desde las propias instituciones y de la mano del Gobierno de España (esto debería estar penado).
Por un lado, se pretende que los políticos delincuentes, como los que apoyan un golpe de Estado, no pasen por los juzgados. Pero maticemos, solamente sería aplicable a los políticos separatistas catalanes, evidentemente, lo que vendría a ser un indulto permanente. Por el otro, se trata de blindar el catalán, por supuesto en detrimento del castellano, es decir, la imposición del catalán en las aulas. Por tanto, en ambos casos se trata de pisotear de nuevo, y ya van unas cuantas veces, la Constitución y volver a dejar en desamparo a los ciudadanos catalanes, otra vez.
El problema catalán, un golpe de Estado en fascículos, lo han convertido en una razón de Estado por la debilidad de todos los gobiernos a enfrentarse a los separatistas, quienes han terminado por dirigir gran parte de las cuestiones políticas nacionales. Como siempre los catalanes hemos vuelto a ser moneda de cambio para el Gobierno de España, lo que se está convirtiendo en una cuestión habitual. Siempre se ha cedido al chantaje de los separatistas catalanes por miedo a perder el poder, pero ¿y los derechos de los catalanes? ¿qué lugar ocupan en todo esto?
En Cataluña vivimos en un permanente golpe de Estado por el continuo incumplimiento de la ley y de las sentencias judiciales, así como por la constante vulneración de los derechos de los catalanes, como por ejemplo ese mísero 25% de castellano en las aulas que nos prohíben. No parece importar. Ahora, también se ha sumado el Gobierno de España situándose del mismo lado del golpismo, convirtiéndose en cómplice de todas las vulneraciones de derechos y de incumplimientos de sentencias y leyes que sufrimos en Cataluña, puesto que ha permitido una mesa a dos bandas entre los que pretenden destruir España, así lo hacen, y los que deberían defenderla y no lo hacen. Tampoco parece importar. Y los catalanes que exigimos el cumplimiento de la ley y que respeten nuestros derechos como el de una educación también en castellano volvemos a ser ninguneados. A nadie parece importar.
Y mientras parece que nada tiene importancia, el totalitarismo se va adueñando de España, antes parecía estar acotado a nivel regional, ahora parece que se está adueñando de todas las instituciones, aquellas que deberían representar al conjunto de los españoles y velar por el cumplimiento de la Constitución. Llegados a este punto, ¿cómo estamos permitiendo todo esto? Parece que a nadie le importa que los cimientos de la democracia estén en ruinas, unas ruinas que van a ser muy difíciles de reconstruir.
Vera Cruz Miranda
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