El separatismo, tras la derrota de su golpe de Estado, y envalentonado por los indultos que les dio Pedro Sánchez y la abolición de la sedición y la reforma de la malversación, está utilizando el espantajo de “España quiere acabar con la lengua catalana” para intentar mantener prietas sus filas y mantener su control social sobre la sociedad catalana. Y están causando a esta bella lengua un daño irreparable.
Por esta voluntad partidista se han sucedido las movilizaciones para “defender” al catalán de una “agresión” inexistente, pero que le sirve para alimentar a su máquina propagandística, siempre necesitada de consignas y lemas para adocenar a sus centenares de miles de adeptos. Y de ahí también que ha sido despedida la enfermera de Cádiz que criticó la obligatoriedad del catalán para tener una plaza fija en la sanidad pública catalana.
Y en la escuela catalana impera la ley del silencio que impide a los docentes ‘meterse en problemas’ exigiendo una cuota razonable de asignaturas en español. Una enseñanza que antaño fue prestigiosa, poco a poco, y de la mano de la intolerancia ideológica del separatismo y de sus compañeros de viaje, va hundiéndose en el fango.
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