El independentismo se ha adueñado de la grada culé sin tener la mayoría entre los socios culés que pueblan el Camp Nou. Pero esta minoría ha secuestrado el estadio barcelonista ante la complicidad evidente de todas las últimas directivas del club que han permitido las pancartas insultantes hacia España en un buen número de partidos de Liga y Champions que han colocado un puñado de radicales separatistas.
Que haya docenas de miles de socios, y millones de aficionados, barcelonistas que se sientan españoles y no comulguen con el secesionismo nunca ha sido una preocupación para Laporta, Rosell o Bartomeu. Han preferido dar barra libre a los elementos más extremistas del independentismo, aún a costa de perder aficionados no solo en Cataluña, también en el resto de España, hartos del sesgo separatista del Barça.
Esta política de las directivas azulgrana ha incluido un apoyo continúo a la imposición de la lengua catalana en la sociedad catalana, y desde hace años han cerrado acuerdos con entidades de tono separatista radical, como Plataforma per la Llengua – la asociación que se dedicaba a espiar en que lengua hablaban los niños en los patios de los colegios –.
Urge que el Fútbol Club Barcelona, la entidad deportiva con más seguidores en Cataluña, deje de despreciar a sus muchos socios y aficionados que no son separatistas, y a los que defienden la buena convivencia entre el catalán y el español, las dos lenguas oficiales de la comunidad autónoma de Cataluña.
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