El separatismo intenta culpar del actual ciclo de violencia extrema que está sufriendo Cataluña al «anarquismo», y ha lanzado su poderoso aparato mediático para intentar vender una mercancía más que averiada, porque no hay quién se la crea. Los «anarquistas» extranjeros serían, según el nuevo relato-excusa del independentismo, los responsables del terrorismo callejero que ha asolado el centro de Barcelona y otras ciudades catalanas, y los que ensuciarían la imagen idílica de las «pacíficas» concentraciones organizadas por entidades independentistas en defensa de la «libertad de expresión».
Nadie niega que no haya elementos «anarquistas» de origen español o extranjero en los disturbios de las últimas semanas, pero el actual ciclo de violencia extrema no comienza con la encarcelación de Pablo Hasél, lo hizo durante la pre-campaña y la campaña electoral de los comicios autonómicos, con la cacería salvaje que sufrieron los simpatizantes y dirigentes de VOX. Y esos actos vandálicos fueron organizados, llevados a cabo y alentados por el separatismo.
Las redes sociales están y han estado llenos de mensajes como el de Pilar Rahola animando al linchamiento de los miembros de VOX. Todo el independentismo elogió la «valentía» de los que «plantaban cara» a los de Ignacio Garriga, como si juntarse cien encapuchados armados con todo tipo de objetos contundentes para linchar a personas que solo querían escuchar un mitin fuera un ejemplo de heroísmo.
Una vez los chicos de la gasolina del anticapitalismo independentista ya estaban calientes tras los ejercicios de linchamiento a VOX, llegó la entrada en prisión de Pablo Hasél, y siguieron la fiesta. Y han sido entidades separatistas las que han organizado, alentado y justificado la violencia contra la policía. Pero como se han pasado de frenada, y ya han comenzado a afectar a los intereses económicos de sus papás, sus abuelos y tus tíos, ahora desde la Generalitat intentan desviar la atención culpando al «anarquismo».
Pero no. La violencia secesionista existe, y está defendida por personajes mediáticos como Juliana Canet y Jair Domínguez, que la justifican porque «queríamos ser pacifistas, pero no nos habéis dejado otra opción». Es la violencia de los CDRs, de Arran, de los encapuchados que llevan años acosando, señalando y agrediendo a los catalanes no independentistas. Los que ocuparon el aeropuerto, cortan autopistas, crearon la «batalla de Urquinaona» o han acosado a líderes no separatistas como Inés Arrimadas, Ignacio Garriga, Xavier García Albiol o Miquel Iceta.
Un puñado de anarquistas antisistema que se apunte a cualquier disturbio es un síntoma de la descomposición de la sociedad catalana. Pero no es el gran problema que vive Cataluña. Y en esta comunidad autónoma se vive una auténtica pesadilla porque desde las instituciones que dominan los secesionistas se ampara, se alienta y se financia una serie de comportamientos basados en la desobediencia a las instituciones democráticas españolas y en la persecución del que discrepa con el independentismo.
Hasta que acabemos, democráticamente, con los facciosos totalitarios que quieren convertir a Cataluña en una República bananera en la que más de la mitad de la población no tenga derechos civiles, la agitación, la violencia y el caos camparán a sus anchas por nuestras calles.
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