Tristemente, en 2021, los españoles nos vemos obligados a vivir en esta disgregación y segregación nacional que son los reinos de taifas de las Autonomías, mientras que un Gobierno central débil, con nula presencia en el caso de los terruños nacionalistas (como aquel desde donde escribo este artículo), actúa como aquellos antihéroes de nuestra infancia representados por Pepe Gotera y Otilio, tratando de arreglar las canalizaciones con esparadrapos cuyo pegamento ya ha sido disuelto por la historia reciente y que no resistirán más de 5 minutos el empuje de las aguas identitarias y localistas que circulan por sus adentros.
El modelo socioeconómico que Isabel Natividad Díaz Ayuso ha conseguido asentar en la Comunidad de Madrid es ferozmente criticado de manera continua por sus adversarios (en algunos casos sería más exacto referirse a algunos de ellos como sus enemigos) por ser un modelo ideológico que representa a la derecha liberal y, sobre todo, por ser un modelo indiscutible de éxito, máxime si lo comparamos con el de otras autonomías como la catalana y su infierno fiscal, político, económico, cultural y social.
Curiosamente, el modelo de Díaz Ayuso no es un modelo ideológico propiamente dicho (aunque responda a una visión liberal), es más un modelo de gestión que los madrileños han votado transversalmente (según NC Report para La Razón 89.000 votantes socialistas escogieron votar esta vez por ella) mientras que aquellos que lo critican lo hacen, paradójicamente, desde un modelo ideológico puro, frentista, doctrinal y excluyente de los que no piensan como ellos. Incluso la maquinaria de agitprop sanchista tachó, mediante su gregario Tezanos, de tabernarios a los votantes de Diaz Ayuso, es decir a 4,5 de cada 10 madrileños que votaron ese día: está claro, si alguien se atreve a votar por Tabernia (como muchos jocosa y orgullosamente han pasado a denominar a su Comunidad) no merece respeto alguno ni la más mínima consideración de ser persona. El modelo de éxito podría haber sido de la izquierda (en otras épocas lo fue), sí, pero es el de Díaz Ayuso simplemente porque se lo ha trabajado (no hay otro secreto en la vida para el éxito que el trabajo).
La realidad es que en Tabernia, con una incidencia vírica similar a la de otras autonomías, han dejado a sus habitantes ganarse la vida; en Cataluña han optado (debido tanto a la incompetencia como al tic totalitario de los dirigentes separatistas) por arruinarlos. En Tabernia, comunidad monolingüe, los padres tienen derecho a escolarizar a sus hijos en la educación bilingüe; en Cataluña, comunidad bilingüe, nuestros hijos están bajo el yugo identitario de la normalización lingüística. En Tabernia tienen una tasa fiscal impositiva menor que supone una mayor recaudación, más servicios públicos y que una mayor parte del dinero esté en manos de los ciudadanos; en Cataluña vivimos un infierno fiscal (que el sanchismo quiere extender al conjunto de España castigando las rentas más bajas y las medias) que sirve para pagar el golpismo y la deslealtad institucional hacia nuestro país. En Tabernia crecen las empresas; de Cataluña se fugan a la carrera. En Tabernia florece la cultura, y la clase creativa (como la denominó Richard Florida) ve en ella la única posibilidad geográfica real de asentarse, de acceder a los medios y herramientas imprescindibles para desarrollar su creatividad, y con ella un modelo económico de éxito que se retroalimenta, ya que en Tabernia las industrias culturales y creativas han pasado de estar en la penumbra (de una villa que no podía sacudirse culturalmente hablando el peso del tiempo) a ser un motor económico no sólo nacional sino europeo; en Cataluña han ido desapareciendo, hundiéndose progresivamente en la ciénaga identitaria nacionalista, como el perro de la famosa pintura negra de Goya, que seguramente, si fuera un gos d’atura, ladraría en catalán. A Tabernia uno va a vivir para “que te dejen en paz” (lo puedo atestiguar personalmente); en Cataluña uno vive bajo el asedio constante del movimiento nacional(ista) que, a modo de una pestilencia, supura por todos los rincones del terruño. Tabernia se ha convertido en modernidad; Cataluña en decadencia. Tabernia se ha convertido en libertad; Cataluña en un apartheid camino de una dictadura.
Yo, desde esta humilde columna, les invito a reflexionar sobre una no tan descabellada ocurrencia que he tenido en estos últimos días: que, en aras de la prosperidad económica, el entendimiento, la paz social y la libertad en todos sus aspectos (de lengua, de pensamiento, de escolarización, sanitaria, etc.), nos planteemos importar el modelo de Tabernia a Cataluña, ya que refleja el modelo de libertad y de fin del apartheid social, cultural, lingüístico, político y económico que la idea de Tabarnia representó en sus momento a modo de un desgarrador grito de auxilio. Podríamos, como las dos grandes regiones de España, crear hasta una Confederación Autonómica Tabernesotabarnesa para que, finalmente, con la ayuda de nuestros hermanos taberneses, los catalanes de a pie (los gerifaltes lazis viven estupendamente con su 3%), mayoritariamente identificados con el ideal tabarnés, pudiéramos vivir en la prosperidad económica y sólo preocupados de las cosas que nos deben preocupar en la vida: el trabajo, la familia, los amigos, los compañeros, la cultura, el respeto, la igualdad, el bien común…
Y en su defecto, muchos nos conformaríamos hasta con ser solamente el Protectorado de Tabarnia en manos de Tabernia, lo que sería óptimo para todos los catalanes: para los tabarneses porque por fin el sol radiante de la libertad echaría raíces en este sombrío terruño envuelto en las brumas nacionalistas; para los nacionalistas porque ¡al fin! se realizaría su sueño húmedo de ser un país colonizado y de poderlo constatar después de 150 años de paranoia persecutoria y victimista.
Si Tabernia y Tabarnia nos ofrecen libertad, está claro, ¡los demócratas con la libertad!, independientemente de su ideología, aunque esa exquisita intelectual de postín que es la ilustrada vicepresidente Carmen Calvo, banalizando el nazismo, compare a los que anhelan la libertad con aquellos nacionalsocialistas que segaron la vida de millones de personas y asolaron Europa en el proceso; eso sí, de sus socios golpistas y terroristas hace loa continua. Un sofisma en toda regla digno de tan brillante intelectual… o intelectuala.
Pau Guix, mayo de 2021
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