Feliz año nuevo.
Mis más cariñosos deseos están dedicados, como es natural, a mis seres queridos. Sin embargo también van dirigidos a otras muchas personas, y muy en especial a los catalanes que, además de tales, se sienten españoles. Por más que se diga, jamás será suficiente para transmitir la idea de que lo que está sucediendo en esa Comunidad Autónoma es, en varios sentidos, surrealista. La situación en la que se encuentra no sería tolerada bajo ningún concepto, en ningún otro país de la Unión Europea ni en Suiza.
El próximo mes de enero comenzará el juicio contra los golpistas por los hechos cometidos los días 6 y 7 de septiembre de 2017. Este procedimiento judicial es imprescindible para restaurar la confianza en el Estado de Derecho. Debe quedar bien claro que no todo puede estar permitido ni en aras de la democracia tal como en términos generales es entendida hoy en día en Occidente ni en aras de la sacrosanta libertad de expresión.
Se ha cometido más de un delito. Algunos políticos se han aprovechado de su estatus para intentar arrojar a millones de catalanes fuera de las fronteras de su propio país en contra de su voluntad y con las indeseables consecuencias que cualquiera puede imaginar.
A fecha de hoy se está materializando un riesgo cuya inminencia parecía evidente; la polarización en dos bandos. Por un lado el del enfrentamiento entre conciudadanos. Por otro lado el de la intervención de manipuladores desde el extranjero en lo que podría llegar a ser un conflicto abierto; algo que por desgracia España ya ha sufrido en sus entrañas.
Precisamente por esto en 2019 es imprescindible considerar que realmente existe una Cataluña plural, rica y diversa, la mayoría de cuyos habitantes respetan las leyes y las reglas de convivencia. Ello pese a que, por desgracia, haya otros ciudadanos que hayan optado por el camino de la delincuencia. Éstos, hablando claro, deben ser considerados simple y llanamente como tales; delincuentes. Nada más. Y tiene que ser así, sean cuantos sean: mil, cien mil o dos millones.
La distinción es bien clara; quienes respetan la ley y quienes no. En ningún caso los criminales pueden convertirse en revolucionarios o en líderes políticos dignos de confianza. Frente a ello, tolerancia cero.
Roguemos para que se resuelva esta esperpéntica situación catalana, que podría reproducirse en cualquier otro lugar de Europa. Que este año a punto de nacer sea testigo del imperio del sentido común en el marco de la armonía, de la responsabilidad y de la Justicia.
François Meylan
Fundador de Catalunya peuple d’Espagne
Lausanne
[campana]
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