Cansinos

Sinceramente, lo de esta gente ya no sé cómo catalogarlo.

En una sociedad normal en la que la cordura imperase, el mero hecho de escudarse en una pantomima como fue el esperpento del pasado 1 de octubre, sacando pecho como si hubiesen logrado algo, daría vergüenza.

Hacer de la patochada de ese día algo merecedor de homenajes, llegando incluso a bautizar calles, plazas o espacios públicos, es algo indigerible para la mayoría que vive atónita ante tanta chuminada.

Además, en esa peculiar interpretación que hacen muchos responsables municipales, facilitando el formateo de términos como convivencia, neutralidad, respeto, ética o ciudadanía, lo que están consiguiendo con los cambios ofensivos del nomenclátor, sustituyendo identificaciones que han sido desde siempre de reconocido prestigio, es dejar constancia del mal generado por el febril virus de la paranoia secesionista.

En este constante suma y sigue, el coste de la mentira y distorsión creada por parte de los políticos separatistas, multiplicada a través de sus medios de comunicación tergiversadores y, muy preocupante, cimentada desde la infancia a través de la doctrina y mentalización escolar de nuestros jóvenes, no es calculable.

Es para no salir del asombro viendo la bajeza a la que se puede llegar. Estar enquistados en la sinrazón imponiendo posturas socialmente minoritarias y jugando con el futuro de todos, ensucia la imagen sana y próspera que los catalanes siempre hemos tenido.

El ensalzamiento de un momento para el olvido como el que vivimos ya casi hace un año, cuando los responsables de la seguridad y del cumplimiento de la ley se declararon objetores con disimulo, participando en el juego impuesto por sus amos para lograr el calculado interés mediático derivado de su pasividad e inoperancia, llegándose incluso a plantear dicha fecha como festivo, es humillante.

Que se celebraría, ¿el día del ridículo?, ¿el de la paranoia?.

Debemos exigir la necesidad de que se apliquen las reglas del juego con contundencia, olvidando momentos en los que se usó de un modo light el articulado constitucional.

No hay más remedio que suspender lo que hay que suspender, cerrar lo que hay que cerrar y que la Justicia haga lo que tiene que hacer.

El tiempo corre a favor de los que usan su fanatismo con criterios rupturistas. Cada día que pasa, cada curso que se completa, se acrecienta el problema. Esa es su baza.

Hemos de darle la vuelta a la tortilla demostrándoles que se equivocan y carecen del respaldo de la mayoría. El 12 de octubre todos sin falta a dar la cara en Paseo de Gracia y Plaza Cataluña de Barcelona.


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