Hay un principio general del derecho que dice que quien pide lo más, pide lo menos.
Sánchez pedía una prórroga del estado de alarma de 30 días, de dudoso encaje constitucional con arreglo a la interpretación más restrictiva y respetuosa del artículo 116 de nuestra Carta Magna.
Seguramente, lo sabía, pero la mejor manera de conseguir el fin perseguido, esto es, la prórroga, era formular un planteamiento de máximos para alcanzarlo.
Ciudadanos, un partido cuyo ideario fundacional era el de la socialdemocracia y que se tornó liberal por obra y gracia de Albert Rivera, ha cosechado un logro pírrico incompatible con sus actuales principios liberales.
El mantenimiento de la excepcionalidad supone la continuidad de la restricción de los derechos y libertades cuando la alarma sanitaria se ha desdibujado y la economía está maltrecha e inerme.
No hay razón de estado ni defensa del interés general tras la prórroga. Hay espurio blindaje, oportunismo político y daños colaterales.
Si alguien sale ganando de este acuerdo es Sánchez y sus estrategas, sabedores de que tienen el control de los tiempos y de la situación política.
El partido bisagra se hace corresponsable del bloqueo, del fiasco y de la injustificada restricción constitucional para quienes se autodefinen como liberales.
Más bien parece que vuelven a la socialdemocracia de baja intensidad, desde luego no a la europea, en la que prima la idea del respeto escrupuloso a los derechos fundamentales de rango constitucional.
No hay en nuestro entorno democracia más intervenida que la nuestra. Es un tremendo error lograr un protagonismo efímero porque Sánchez los necesita sólo para este trance. Su investidura fue obra de la radicalidad populista-separatista y a ella acabará volviendo.
La presente coyuntura tiene los pies de barro. Ciudadanos no ha querido verlo porque su «coma político» precisaba «electrodos anti-infarto». Salir de la irrelevancia parlamentaria, del ninguneo mediático.
Lo del CIS y Tezanos es señuelo para incautos( INC’s) que han visto en la prospectiva electoral el espejismo de la recuperación en intención de voto, como tabla a la que aferrarse.
Las deserciones habidas (Girauta, Mejías, De Quinto), las discrepancias verbalizadas (Cantó) y los silencios clamorosos (Cañas), auguran un inquietante futuro a la formación naranja, una especie de arriesgada apuesta al todo o nada, ignorando que el casino lo dirige un tahúr del Missisipi, y no es Adolfo Suárez (Alfonso Guerra, dixit) sino Pedro Sánchez, maestro del «dónde está la bolita».
Sergio Santamaría
(NOTA: En estos momentos de crisis y de hundimiento de publicidad, elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.


















