
El pulso por la verdad histórica en la izquierda española ha escalado un nuevo nivel. José Luis Ábalos, figura clave en la trayectoria de Pedro Sánchez hasta hace poco, ha dinamitado la versión oficial del Gobierno. El exministro ha confirmado que el presidente Sánchez sí se reunió con Arnaldo Otegi en 2018.
Este encuentro se habría producido en el contexto de la moción de censura que desalojó a Mariano Rajoy del poder. La confesión de Ábalos llega como un mazazo a la línea de defensa del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Sánchez había sido tajante hace solo unos días, negando cualquier tipo de reunión con el líder de Bildu. Desde Angola, en un viaje oficial, el jefe del Ejecutivo calificó la información como una «mentira». Una negativa que ya queda en entredicho.
Ábalos, quien fuera número dos de Sánchez en el partido y un hombre de su máxima confianza, ha empleado la red social X para soltar la bomba. «Esa entrevista existió«, ha aseverado sin ambages, contradiciendo frontalmente a su antiguo jefe.
La reunión, según se ha filtrado, se habría celebrado en un caserío del País Vasco en mayo de 2018. El objetivo no era otro que asegurar el apoyo de la formación abertzale a la moción de censura. Es decir, una negociación crucial para la llegada de Sánchez a La Moncloa.
La sombra de la dependencia de Bildu, formación que incluye a condenados por terrorismo, se extiende una vez más sobre el PSOE. La izquierda radical se ha convertido en un socio indispensable para Sánchez, algo que incomoda a gran parte del electorado.
La falta de transparencia y la negación de este tipo de contactos evidencian el pragmatismo sin límites del sanchismo. La verdad parece ser un valor secundario cuando se trata de conservar el poder a toda costa. Este episodio, que ya genera un gran revuelo, pone en tela de juicio la credibilidad del presidente del Gobierno. ¿Cuántas otras reuniones se han mantenido en secreto para mantener la coalición de investidura?
La confesión de Ábalos, un hombre que conoce bien los entresijos de Ferraz, es un testimonio de peso que complica la situación política de Sánchez. El PSOE está obligado a dar explicaciones convincentes sobre lo ocurrido.
La estrategia de pactar con quien sea para gobernar, aunque se trate de fuerzas que no condenan el terrorismo de ETA, es una constante en el actual panorama político español. La izquierda prioriza el poder al coste moral y ético de sus alianzas.
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