Ángel Mas es cofundador y presidente de ACOM (Acción y Comunicación sobre Oriente Medio), organización civil independiente con más de 25 años de trayectoria en la lucha contra el antisemitismo en España a través de la acción legal, política y mediática. Es columnista en medios de referencia y ponente habitual en foros internacionales como el Parlamento Europeo.
¿Están aumentando los casos de antisemitismo en España?
Los números son devastadores y no admiten eufemismos. Según estudios en la materia, en 2024 España registró 193 incidentes antisemitas, un aumento del 321% respecto al año anterior. Si tomamos como referencia 2022, el incremento es del 567%. Más de un incidente cada dos días. Y eso sabiendo que las cifras reales son muy superiores, porque la mayoría de los casos no se denuncian.
Pero lo que más me preocupa no es solo la cifra: es la normalización de los actos de odio y la incitación a ellos por parte de los poderes públicos, que en principio están ahí para proteger a una minoría como la judía de los radicales y los violentos. Cuando desde las instituciones públicas, los representantes públicos o los medios de comunicación se propagan libelos criminalizando al Estado judío, a sus habitantes y a quienes los apoyamos usando términos falsos e incendiarios como «genocidio», «exterminio» o «masacre» que apelan a los peores instintos de la turba y ponen en la diana a un segmento de la población en España, ese discurso se filtra a la calle y termina convirtiendo en actos lo que antes eran palabras. Esos términos no se sostienen con datos verificables ni constituyen ningún análisis geopolítico: son palabras diseñadas para invertir la realidad y culpar al agredido. La responsabilidad de todos los cómplices de difundir estos bulos es gravísima.
¿Y en Cataluña específicamente?
Cataluña es el epicentro del antisemitismo institucional en España, y lo que vivimos hoy es la culminación de un proceso largo que ha encontrado durante años la colaboración activa y entusiasta de algunos y la complicidad pasiva de muchos, lo que ha creado una sensación de impunidad a la imposición de discursos, formas y actos de odio.
Lo que vemos ahora — la profanación del cementerio de Les Corts, el concierto de odio en el Palau Sant Jordi, el mapa digital que señalaba más de 150 negocios y colegios judíos bajo la etiqueta de «economía sionista» — no es una sorpresa para nadie que haya seguido de cerca lo que ocurre allí. En decenas de localidades catalanas se llevan años aprobando resoluciones que excluyen efectivamente a judíos y amigos de Israel de la vida civil, que glorifican el terrorismo invitando con todos los honores a terroristas palestinos. Eso tiene un nombre, tiene precedentes históricos, y quienes lo practican saben perfectamente lo que están haciendo.
¿Qué partidos políticos son cómplices de quienes realizan estos actos?
La complicidad tiene distintos grados, pero la mayoría de los grandes partidos en Cataluña, desde luego todos aquellos que han participado o apoyado los recientes gobiernos de la Generalitat, responsables del clima que vivimos: el PSC, Podemos y sus facciones (IU, Sumar), los partidos independentistas (Esquerra, Junts) compiten entre sí para ver quién ofrece más hostilidad hacia los judíos. Hay que recordar que Colau, rabiosa odiadora de los judíos, ya gobernaba gracias al Partido Socialista de Sánchez, que Sánchez gobierna gracias a Podemos, y que ERC, profundamente antisemita, apoya al gobierno del PSC, igual que lo hace con el Gobierno antisemita de Sánchez. El error sería limitar la responsabilidad a una sola persona o partido: el sistema la comparte, y su alineamiento en la votaciones de criminalización y discriminación de los judíos es evidente.
A nivel nacional, Sánchez se ha rodeado de socios — Bildu, Podemos, los independentistas — que son actores antisemitas de largo recorrido. Para mantenerlos, no solo no los frena: los alimenta. Pero hay un segundo nivel de complicidad igualmente peligroso: la oposición que no es clara. El Partido Popular condena a Hamás pero ha repetido en algunos casos (no en Cataluña ni en Madrid o Castilla León, pero sí en Galicia, Extremadura o Andalucía) acusaciones falsas contra Israel y en la práctica ha aceptado la narrativa de Sánchez.

¿Creen que el apoyo de Pedro Sánchez a las protestas que interrumpieron la Vuelta Ciclista les ha dado alas a los antisemitas?
Absolutamente. Lo que ocurrió en la Vuelta es un caso de manual de cómo funciona el terrorismo de calle cuando tiene cobertura institucional. Lo que antes se llamaba Kale Borroka— el terrorismo callejero de los peores años de ETA — ha vuelto. Pero ahora es diferente: es tolerado, legitimado e incluso alentado por el propio Gobierno de España. Grupos radicales — algunos con vínculos con ETA, otros con movimientos yihadistas — atacaron la carrera, mientras figuras de la mayoría parlamentaria de Sánchez se unían a ellos.
Los ciclistas fueron asaltados con chinchetas, empujados de sus bicicletas, las etapas interrumpidas e incluso canceladas. Eso no fue una protesta. Fue violencia. Y fue recompensada. Ningún equipo fue atacado con más agresividad que el israelí. En lugar de protegerlos, ministros pidieron su expulsión y Sánchez elogió a los agitadores. El mensaje que llegó a la calle fue diáfano: atacar a lo israelí no tiene consecuencias. Y la Audiencia Nacional rechazó después investigar por delito de odio. Del ciclismo pasamos a la profanación de cementerios. De las pancartas en la carretera a la expulsión de ancianas de museos públicos como el Reina Sofía. Esta es la trayectoria lógica de la impunidad. Y de ahí, a que las sinagogas y los colegios judíos tengan que contar con protección armada permanente ante la amenaza tal que sufren.
¿Cuál es la actitud del alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, a la hora de luchar contra el antisemitismo?
La de un político que no dice una mala palabra ni hace una buena acción al respecto. Y evolucionando a peor: de pasivo a activo. Cuando llegó a la alcaldía, una de sus primeras medidas fue restablecer el hermanamiento con Tel Aviv que había roto Ada Colau. Fue un gesto positivo que reconocimos. Pero los gestos solo tienen valor si van seguidos de acciones coherentes. Y ahí está el problema.
Ese giro duró pocos meses. En cuanto sus socios apretaron, lo revirtió sin resistencia. El Ayuntamiento de Barcelona, con Collboni al frente y el respaldo del PSC, los Comuns y ERC, aprobó romper relaciones con Israel y prohibir empresas israelíes en la Feria de Muestras. Ignoró las peticiones de la comunidad judía tras el concierto de odio en el Palau Sant Jordi. El postureo de tuitear que «el odio no tiene cabida en una Barcelona plural» después de la profanación del cementerio de Les Corts se confronta con la evidencia de que su gestión promueve, precisamente, ese odio.
¿Están atizando el PSC y el PSOE el rencor hacia Israel por motivos de política interna?
Es algo que hemos documentado y argumentado durante años, y los hechos lo confirman semana a semana. La hostilidad de Sánchez hacia Israel no es ideológica. No nace de ninguna convicción profunda ni de un análisis coherente del conflicto. Es puro oportunismo inmoral.
Sánchez está rodeado de escándalos que afectan a su círculo más íntimo — su mujer, su hermano, su mano derecha, el fiscal general. Y lo que utiliza es el conflicto de Oriente Medio como distracción y como cemento de una coalición que sin ese aglutinante no podría mantenerse. Ha visto en el liderazgo del campo antiisraelí dentro de la UE una oportunidad política: para movilizar a la izquierda radical que le apoya ciegamente, para atraer financiación de redes antiisraelíes, para construir puentes con regímenes como Catar e Irán. Fue el último líder europeo en visitar Israel tras el 7 de octubre, y cuando lo hizo, aprovechó para fotografiarse en Rafah y comenzar a hablar de «crímenes de guerra» — solo contra Israel, nunca contra Hamás. E hizo que España fuera el obstáculo clave en la UE para designar a los asesinos de la Guardia Revolucionaria Iraní como organización terrorista.
Además, su postura tiene un coste geopolítico real que él prefiere ignorar. La postura agresiva de España hacia Israel y los EEUU está dañando sus relaciones con nuestros aliados y poniendo en riesgo su posición dentro de la OTAN y la UE. Europa no está construida para respaldar el aventurerismo geopolítico unilateral. Y Estados Unidos no anuncia sus represalias con ultimátums dramáticos: ajusta silenciosamente, y luego estructuralmente. Sánchez está llevando a España hacia un aislamiento que no responde a ningún interés nacional.
¿Cuál es la situación del caso de antisemitismo que se vivió en el Museo Reina Sofía?
Es uno de los casos más graves y simbólicos de cuanto hemos documentado, y no fue un incidente aislado. El 14 de febrero de 2026, tres personas fueron expulsadas del Reina Sofía por llevar una bandera de Israel y un collar con la Estrella de David. El personal les pidió que ocultaran sus símbolos o abandonaran el museo porque «hay público que se está molestando». En lugar de retirar a quienes las insultaban gritando «genocidas» y «asesinas», expulsaron a las víctimas. Eso es exactamente lo que ocurre cuando una institución pública ha normalizado durante años el odio hacia un colectivo.
Porque esto no cayó del cielo. El Reina Sofía lleva años construyendo ese clima: izó la bandera palestina en su fachada con la consigna «desde el río hasta el mar» — que significa la eliminación de Israel —, permitió que activistas irrumpieran en la sala del Guernica sin consecuencias, y organizó seminarios donde se habla de «genocidio y ecocidio israelí» como si fuera ciencia establecida. Un museo público tiene obligación legal de neutralidad. La violó de forma sistemática y documentada. Por eso ACOM ha iniciado acciones legales contra la institución y contra su director, Manuel Segade. Llevamos 25 años demostrando que la ley puede ser un instrumento eficaz contra el odio cuando se usa con rigor. Y lo seguirá siendo.
¿Qué les diría a aquellos ciudadanos españoles que reciben a diario propaganda antisemita desde medios de comunicación controlados por el Gobierno?
Les diría que si no creen nunca a un mentiroso compulsivo como Sánchez, ¿por qu´r le iban a creer en este tema y sólo en este tema? Los españoles deben tomar la información que reciben con máxima cautela y escepticismo. El veneno no impregna todo. No solo las declaraciones del gobierno y la intoxicación de sus medios afines, también la desinformación alineada con las tesis del gobierno propagada por medios de la oposición que aceptan a críticamente la narrativa y la terminología perversa con que el gobierno difunde el odio contra israelíes y judíos. Aceptar como fuentes fiables a una organización terrorista con Hamas y a una teocracia titánica como la iraní es simplemente repulsivo.
Por tanto, les diría también que busquen fuentes diversas, que confronten los datos, que sepan que hay personas en la política, en los medios y en los tribunales que se salen de ese corsé de mentiras. ACOM ha obtenido más de 90 resoluciones judiciales favorables contra el BDS y la discriminación. Cada una de ellas es una demostración de que el Estado de derecho, cuando se activa, funciona. El ruido del odio es muy alto. Pero hemos aprendido que se puede derrotar. Y lo seguiremos haciendo.
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