Actualmente, sobre la terrible represión que se vivió en Tarragona hace ahora 88 años en la retaguardia del Front Popular de la Cataluña presidida por Lluís Companys, casi nada saben hoy los ciudadanos en general, pues sobre el asunto, desde hace casi cinco décadas, se suele correr un tupido velo de silencio.
Mientras al albur de la Ley de Memoria Histórica de Zapatero (2007) y ahora con la nefasta Ley de Memoria Democrática (2022) de Pedro Sánchez y de Bildu, se pretende reescribir la historia, e imponer por parte de izquierdistas, separatistas y muchos progres y antifranquistas sobrevenidos, un determinado relato (el que a ellos les interesa) marcado por la propaganda, la parcialidad y el sectarismo.
Según ellos, los republicanos del Frente Popular serían «los buenos» y los franquistas «los malos muy malos», Y así, en el caso de Cataluña, mientras no se para de repetir lo terrible que fue la represión franquista se oculta sistemáticamente la terrible represión producida por parte del Front Popular. Según Paul Preston (historiador poco sospechoso de ser profranquista) las personas asesinadas en la retaguardia de Cataluña fueron 8.352, más del doble de las producidas por la posterior represión franquista.
Solo en la comarca del Tarragonés, en los primeros cuatro meses de la guerra civil, fueron asesinadas 334 personas. En nuestra ciudad, entre los milicianos que más se distinguieron en esta violenta y sanguinaria represión, se encuentran el célebre Josep Recasens Oliva – “El Sec de la Matinada” – y sus “compinches” los patrulleros Gabriel Fresquet, Manuel Balabasquer, Manuel García Cremades y Germán García Sancha. Por no hablar de los también célebres “germans Barres” – 0los cuatro hermanos Ferré Pla -, todos ellos milicianos anarquistas de las Joventuts Llibertaries o de la CNT-FAI.
Hay que decir que entre julio de 1936 y mayo de 1937 el poder real en la mayoría de poblaciones de Cataluña, con el beneplácito de la Generalitat, estuvo en manos de desalmados que formaban parte de los “Comités Locales de Milicias Antifascistas” y de las llamadas patrullas de control, de las que formaron parte no sólo los anarco-sindicalistas, como nos quieren hacer ver, sino en mayor o en menor medida todas las organizaciones del Front Popular (CNT, FAI, POUM, PSOE, UGT, PSUC, ERC y Estat Catalá).
El citado Josep Recasens (El Sec de la Matinada), que era uno de los cabecillas de las Juventudes Libertarias en Tarragona, y de cuya crueldad sin límites ya nos hemos ocupado en otro artículo, encabezó en nuestra ciudad diversas “sacas” (asesinatos colectivos).
Pues bien, la noche del 11 de noviembre de 1936 Recasens se personó, con varios de sus camaradas, ante el que hacía funciones de «comandante» (así se hacían llamar) del barco-prisión Río Segre anclado en el puerto de Tarragona, que ese día era el también anarquista Joan Ballesta de la CNT (se turnaba en el mando del barco con Estanislao Lavilla de la JSU- UGT), con una lista en la mano, dirigiéndose a la puerta de la bodega de proa y empezaron a leer nombres, y como casi ninguno contestaba (al parecer en la lista había muchos errores), entonces señalándolos con el dedo y abriéndose paso a puntapiés, fueron preguntando por la profesión que tenían los presos.
-Tú, ¿qué eres?. – Sacerdote. – ¡Pues arriba! – ¿Y tú? – Religioso. – ¡Arriba también! -. Y los iban separando así del grupo. Según contó el hermano de La Salle Joaquín Donato se produjeron esa noche algunas anécdotas muy reveladoras, que confirman que ante todo iban a por los clérigos. En la puerta de una de las bodegas donde estaba preso el periodista Timoteo Zanuy (redactor-jefe del diario católico “La Cruz”), cuenta que los milicianos gritaron: «¿Está aquí Miguel Saludes Ciuret?» . Y como no contestó nadie se fueron de allí.
Se trataba del párroco de Borges del Camp y adscrito también a la parroquia de Riudoms, a quien encontraron después en la otra bodega. Uno de los presos era Vicente Lozcos Pardo, médico titular de Horta de Sant Joan, quien al ser preguntado respondió diciendo su profesión, pero los milicianos no lo creyeron y lo tomaron por su aspecto por un religioso que los estaba intentando engañar y así pasó también a formar parte del aciago grupo.
Una vez en tierra, a las 24 personas que integraron ese día la fatídica “saca” (dieciséis eran clérigos) los maniataron por la espalda y entre insultos y empujones los subieron en un ómnibus confiscado, conduciéndolos luego hasta las tapias del cementerio de Torredembarra, donde fueron todos fusilados, siendo luego enterrados allí mismo en una fosa común.
Las 24 personas vilmente asesinadas fueron las siguientes: Miguel Saludes Ciuret, Bonavetura Toldrà Rodón, Eusebio Sentís, Vicente Lozcos Pardo, Julio Alameda Camarero, Lluís Domingo Oliva, Isidro Cosme, Antonio Pujol Ferré, Josep Alberich Lluch, Edilberto Martí, Inocencio Centelles, Elipio Arce Fernández, José Boschdemont Mitjavila, Josep Bru Ralduà, José Domingo, Juan Roig, Federico Vila Bartolí, Mariano Navarro Blasco, Joan Roca Vilardell, Damián Rodríguez Pablos, Pedro Eriz Eguiluz, Baldomero Vaqué Peris, Santiago Vilanova Vaquer, Pablo Aguiló Vaquer, Miguel Freixas Montlleó ( estos cuatro últimos vecinos de Batea).
Al parecer, también formaba parte de aquella aciaga lista Juan Mercadé Mercadé, pero cuando pronunciaron su nombre, con una gran decisión y no falto de suerte, al salir de la bodega corrió y pudo esconderse en la próxima y oscura carbonera del buque. Aunque varios milicianos lo buscaron, al no encontrarlo, finalmente desistieron dejándolo para otra ocasión. Se salvó así, según él mismo relató, de una muerte segura.
Decir que “sacas” similares ya habían salido del Rio Segre (que funcionaba como una “cheka” flotante) durante el mes de agosto. La primera gran saca se produjo el 9 de agosto, donde se escogen a doce vecinos de Tarragona para asesinarlos en tierra firme. Luego se producirán otras los días 15, 25 y 28 de agosto (con un total, según el historiador y religioso Antonio Montero Moreno, de 60 fusilados). Las últimas sacas importantes, que salieron del “Rio Segre”, tuvieron lugar el 10 de octubre y la que nos ocupa hoy, la del 11 de noviembre, que sería la última gran saca que salió de este buque prisión.
La gran mayoría de las personas asesinadas en estas sacas fueron encontradas en fosas comunes en las proximidades de algunas playas de la ciudad (en las inmediaciones de la Playa Larga fue encontrada en marzo de 1939 una fosa con 18 cadáveres) y en el cementerio de Torredembarra donde fueron encontrados, después de la guerra, los restos de 53 personas asesinadas, A partir de febrero de 1941 el fiscal instructor de la Causa General en Tarragona (Luís Solano Acosta) inició el procedimiento para la exhumación e identificación de los cadáveres enterrados en las 6 fosas comunes y un nicho, dentro y fuera del cementerio de Torredembarra.
En la señalada como Fosa común n.º 1, del cementerio de Torredembarra, fueron enterradas las personas asesinadas el 11 de noviembre de 1936, la gran mayoría serían, como hemos señalado, identificados en 1941 y enterrados por sus familiares en sus poblaciones de origen.

Actualmente permanecen en dicha fosa los cuatro vecinos asesinados de Batea que permanecen allí enterrados juntos por deseo de sus familiares y donde en una placa de mármol (muy bien conservada) a los pies de una cruz (como puede verse en la fotografía adjunta) puede leerse: “Santiago Vilanova Vaquer, Pablo Aguiló Vaquer, Miguel Freixas Montlleo y Baldomero Vaquer Peris, naturales y vecinos de Batea (Tarragona) , asesinados por las hordas marxistas el 11 de noviembre de 1936”. En el cementerio de Torredembarra todavía se puede encontrar un nicho que seguramente se corresponde con el citado anteriormente, donde en una desgastada placa puede leerse; “Enrique Borràs Esteve, Teniente Coronel de Infantería, caído por Dios y por España el 15 de agosto de 1936”.
Hoy he querido rememorar lo sucedido ese trágico 11 de noviembre de 1936 en Tarragona (en realidad uno más, de los muchos, vividos ese infausto año). Seguramente muy pocos recordarán a estas victimas inocentes, pero como dijo el gran filósofo y ensayista español Jorge R. de Santayana, “quienes olvidan su pasado están condenados a repetirlo”.
Foto 1 : Recreación de fusilamiento en el cementerio de Torredembarra
Foto 2 :
Salvador Caamaño Morado (Exdirigente del PSUC y CC.OO. en Tarragona. Autor del libro “ Tarragona 1936. Terror en la retaguardia”).
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