Todavía impactado por las gestiones de un ilustre siervo de Carles Puigdemont que intentó pactar con Putin el reconocimiento de la República Catalana del Helado Diario por la de Crimea como parte indivisible del Imperio Ruso, ha venido a mi mente una propuesta que, sin duda, será mucho más interesante para ambas partes, la catalana y la ex soviética.
¿Por qué el gobierno de España no pacta con Putin que, a cambio del reconocimiento de Crimea, les podemos mandar como ‘exiliados políticos’, a pan y caviar (como están acostumbrados), a Pilar Rahola, Lluís Llach y Toni Soler? Sin duda alguna, una decisión de este tipo ayudaría a mejorar el bienestar y la tranquilidad mental y espiritual de la población catalana. Y con ello, la de toda España.
De hecho, si quieren que nombremos a Putin ‘Premio de Asturias de la Paz’ el gobierno ruso debería añadir una dacha para Rahola lo más lejos posible de una cámara televisiva y cedernos durante cuarenta y cuatro años a la momia de Lenin para que sea expuesta en el Valle de los Caídos y así contentar al futuro vicepresidente del Gobierno español.
De acuerdo, mi propuesta parece surgida de una indigestión de orujo gallego tras una ración triple de fabada asturiana. El problema es que comparada con las ‘genialidades’ de los consejeros del ‘exiliado’ en Waterloo es hasta razonable.
Sergio Fidalgo
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