Por una vez, Andorra no es noticia por su fiscalidad ni por su turismo, sino por algo mucho más serio: el intento de determinados medios del separatismo catalán de proyectar su batalla política más allá de sus fronteras. El digital VilaWeb ha reaccionado con estridencia al nombramiento de Víctor Torre de Silva y López de Letona como nuevo magistrado del Tribunal Constitucional del Principado, designado por el copríncipe episcopal, Josep Lluís Serrano. Y lo ha hecho no desde el análisis jurídico o institucional, sino desde el prejuicio ideológico y la sospecha interesada.
El argumento es ya conocido y responde a un patrón muy reconocible: se desacredita al magistrado no por su competencia profesional —incuestionable tras décadas de carrera jurídica—, sino por su supuesto “perfil conservador”, por su falta de “vínculos” con Andorra y por su relación pasada con figuras del Partido Popular español, singularmente Federico Trillo. Todo ello aderezado con insinuaciones de resonancias franquistas, influencias del Vaticano y presiones del Estado español. Un cóctel retórico diseñado no para informar, sino para condicionar.
Su trayectoria se ha desarrollado en el corazón del Estado de Derecho español, lo que, lejos de ser un demérito, constituye una garantía de solvencia técnica. Que haya trabajado con gobiernos del PP no lo convierte en un comisario político, del mismo modo que otros magistrados europeos no quedan descalificados por su pasado profesional.
La clave del malestar no está, por tanto, en el currículum del nuevo magistrado, sino en el temor a que el Tribunal Constitucional andorrano no responda a determinadas expectativas ideológicas. VilaWeb apunta, sin disimulo, a asuntos sensibles que podrían llegar al alto tribunal, como la despenalización del aborto o el caso BPA y la llamada “operación Cataluña”. La sospecha es transparente: si el tribunal no se alinea con una determinada lectura política de estos asuntos, será porque ha sido “inclinado” hacia el conservadurismo.
Este modo de razonar encierra una profunda falta de respeto a la soberanía andorrana. El copríncipe episcopal tiene plena legitimidad para designar a quien considere más adecuado dentro del marco institucional vigente. Convertir esa decisión en una supuesta conspiración del Vaticano y del Reino de España no es periodismo, sino militancia. Y, más aún, es un intento evidente de presionar preventivamente a un tribunal que debería poder actuar con independencia y serenidad.
No es la primera vez que el separatismo catalán busca internacionalizar su relato, señalando a jueces, instituciones y Estados que no se pliegan a su visión del mundo. Lo llamativo es que ahora el objetivo sea Andorra, un país pequeño, pero con instituciones propias y una tradición de equilibrio que merece algo más que ser instrumentalizada como escenario secundario de la política catalana.
Al final, el problema no es que Víctor Torre de Silva sea conservador, progresista o liberal. El verdadero problema, para VilaWeb, es que no pertenece a su órbita ideológica. Y eso, en una democracia madura, no debería ser motivo de escándalo, sino una prueba de normalidad institucional.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















