Los separatistas hablan mucho de la «legalidad catalana» y del «respeto» a las «instituciones catalanas», pero solo cuando les conviene. Cuando la persona que representa a una de estas instituciones no es de su cuerda, le aplican una cacería vergonzosa.
Y estas. «cacería vergonzosa», son las palabras adecuadas para definir la teórica ‘entrevista’ que el director de TV3 le hizo a la líder de la oposición en el Parlament, y presidenta del grupo más numeroso de la cámara, Inés Arrimadas.
Lo que vimos el domingo por la noche en TV3 fue un intento de cacería política por parte de un sectario, Vicent Sanchis, que no ejerció como director de una cadena pública, sino como un político fanático de la peor especie.
Una cosa es apretar al entrevistado, para que conteste las preguntas y no se escabulla, y otra cosa muy diferente es lo que hizo Sanchis, que demostró su doble rasero, porque en TV3 no se hacen entrevistas con ese tono, desagradable y agresivo, a los políticos secesionistas.
Sanchis no plantó una entrevista, planteó un debate a cara de perro. No fue un periodista, fue un adversario partidista. No quiso conocer los puntos de vista de la líder de la oposición, ni su programa de acción política, solo buscaba intentar poner en evidencia a Inés Arrimadas.
Arrimadas se defendió bien, y le recordó a Sanchis que pocas lecciones le podía dar dado que había sido reprobado por el Parlament de Cataluña hace más de un año, y todavía sigue en el puesto.
Pero la cuestión no es si Arrimadas salió o no airosa. El problema es que TV3 se ha convertido en una herramienta de propaganda y viendo la actuación de su director se entiende muy bien el porqué ha llegado a esta situación vergonzosa.
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