Cuando tu vida transcurre rodeada por abogados, estás, inevitablemente, «contaminada» por un enfoque jurídico o, mejor dicho, judicial. Comentábamos en círculo privado, con ocasión de la primera jornada de este juicio «cuando vamos por los Derechos Humanos… mal asunto».
Mal asunto, para el cliente, claro está. Conociendo el terreno, jamás, bajo ningún concepto, acudiría a un juzgado penal con los derechos fundamentales como argumento, si la ley o las pruebas me permitiesen otro, por débil que este fuese.
Cualquier abogado, mínimamente experto y, por descontado, cualquier juez sabe lo que quiere decir sustentar un recurso – de cualquier nivel- denunciando una infracción del artículo 24 de la Constitución española, que consagra el derecho a la tutela judicial efectiva.
Se lo desvelaré a los ajenos a la materia: quiere decir que no tienes NADA y que la resolución que recurres es jurídicamente correcta y adecuada.
Con estas bases, si fuese cliente y mi abogado me hablase de Estrasburgo, me desmayaría, directamente y, al recobrar el sentido, cambiaría de abogado.
Los abogados conocemos algunas estrategias muy simples. Una de ellas es: si no tienes razón ni asidero legal, lía y embárralo todo. Así dificultas que la debilidad de tu postura quede, todavía, en mayor evidencia. Los Derechos Humanos y su correspondencia constitucional en los Derechos Fundamentales no constituyen una mala opción para tal fin.
Es muy curioso ver el juicio por televisión. Me ha permitido, empatizar con la única defensa técnica que he podido apreciar en la primera jornada – el abogado cuyo cliente, en mi modesta opinión, lo tiene peor (y parece que lo sabe, a juzgar por su aspecto)-.
El profesional hace grandes y valiosos esfuerzos por aprovechar cada ambigüedad legal, por escudriñar el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, tratando de encontrar algún defecto procesal o alguna interpretación legal del instructor que sea discutible.
Se gana sus honorarios.
Este proceso legal -cuyos detalles desconozco – y, en especial, las circunstancias que llevaron a él – repetidas advertencias judiciales, declaraciones que manifiestan, indubitadamente, el conocimiento y voluntad de cometer actos delictivos, las actuaciones obstructivas al cumplimiento de la ley, las desafiantes actuaciones que ponían en riesgo derechos fundamentales de los ciudadanos y la deliberada publicidad que los infractores daban a todo éllo – colocan a mis compañeros ante una muy difícil tarea profesional.
Seguiremos observando….
Irene Álvarez Sánchez
[campana]
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















