En los barrios altos de la capital catalana hay algunos oasis para aquellos que tienen bolsillos menos repletos y que tienen que tomarse un café o comer. Siempre hay un bar de currelas en el que un menú honesto te espera para reponer fuerzas a un precio razonable.
Son esas casas de comidas de toda la vida que no tienen una decoración muy moderna, ni platos cuadrados, pero el menú es sabroso, nutritivo y se puede pagar sin quebranto en el bolsillo. Son bares como el Manila, El yate o el que hoy nos ocupa, el Sant Gervasi (Sant Gervasi de Cassoles, 56)
Por poco más doce euros puedes disfrutar de un menú más que digno y que satisface. Por el precio de un refresco y un trozo de pastel en cualquiera de las cafeterías adineradas de la zona puedes apañar la comida del mediodía. El servicio es diligente y atento y la comida satisface de sobra.
Yo tomé un gazpacho sencillo, pero que estaba bueno, y de segundo unas croquetas de jamón muy honestas con unas patatas fritas caseras muy bien hechas. Y es que cuando no hay artificios y no te engañan uno tiende a salir satisfecho. Ni siquiera hacía calor porque la climatización era correcta. Y esto en uno de los barrios más caros de Barcelona.
Lo dicho, hay que buscar estos oasis en una Barcelona cada vez más enloquecida por los precios de su hostelería. Por supuesto, el restaurante estaba lleno y la rotación era constante. Si es bueno, bonito y barato nunca faltará la clientela. Y quién quiera lujos que vaya a pagarlos a otra parte.
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