Uno de los referentes de Esquerra Republicana, que sigue siendo objeto de homenaje, es Heribert Barrera, que fue el primer presidente de la cámara autonómica catalana tras la restauración democrática y el secretario general que hizo con sus votos presidente de la Generalitat a Jordi Pujol.
Barrera era un racista de manual, que dijo frases tan contundentes como que “hay una distribución genética de la población catalana que estadísticamente es diferente a la población negra subsahariana” o que “en América, los negros tienen un coeficiente inferior al de los blancos”. También defendía que “se debería esterilizar a los débiles mentales de origen genético”.
Josep Lluís Carod-Rovira es otro dirigente de ERC que también llegó lejos en la política catalana. Como vicepresidente de la Generalitat, aprovechando que Pasqual Maragall estaba de viaje oficial – y, por lo tanto, era presidente en funciones de la Generalitat – se reunió en Perpiñán – la capital de lo que los separatistas consideran ‘Catalunya Nord’ – con representantes de ETA para pactar que la banda terrorista no cometiera atentados en Cataluña.
Unos meses después acompañó a Maragall a un viaje a Jerusalén y, en su estilo lunático habitual, faltó al respeto a los creyentes poniéndose una corona de espinas en la cabeza. Este hombre tuvo en sus manos el gobierno autonómico de Cataluña, a pesar de su evidente fanatismo y su poca habilidad política. Pero así ha sido, es y será Esquerra Republicana, y si no se lo creen recuerden la campaña de falsa bandera con los carteles de Ernest Maragall y el alzhéimer.
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