Avals assolits! Moltes gràcies per la vostra confiança! Hem estat els primers en aconseguir els avals i sortim encara amb més força amb la millor proposta per la ciutat.
Amb l’ajut de tothom aconseguirem la millor candidatura per a BCN!
Tenim equip; et tenim a tu!
Moltes gràcies! pic.twitter.com/aBlYnTlKdk— Jordi Martí Galbis (@jmartigalbis) June 7, 2026
La carrera por la alcaldía de Barcelona en 2027 ha comenzado con un movimiento que agita las aguas en el espacio neoconvergente. Jordi Martí Galbis, líder del grupo municipal de Junts, ha tomado la delantera al convertirse en el primer aspirante en reunir los avales exigidos para las primarias del partido.
A través de un mensaje a las bases, el concejal ha sacado pecho por su rapidez organizativa y ha reivindicado la solidez de su proyecto para la capital catalana. Este paso al frente no es un simple trámite administrativo, sino un desafío directo a la estrategia de la dirección nacional del partido.
La cúpula de Junts ha evitado hasta ahora comprometer su apoyo público hacia el actual jefe municipal, mostrando una evidente frialdad. El éxito de Martí Galbis en la captación de apoyos internos opera como una demostración de poder en un territorio donde las directrices de Waterloo no siempre se asumen con sumisión. Los candidatos favoritos de Puigdemont son la diputada en el Congreso Pilar Calvo y el abogado Jaume Alonso-Cuevillas. La cuarta en discordia es Glòria Freixa, diputada en el Parlament.
El aspirante cuenta con una carta de presentación relevante: el respaldo explícito del exalcalde Xavier Trias, referente del sector más pragmático de la formación. Compartir pasado de gestión con Trias otorga a Martí Galbis un arraigo notable entre la militancia barcelonesa, tradicionalmente más vinculada al orden de la antigua Convergència.
Con este empuje, el concejal busca blindarse frente a los intentos de la dirección de imponer perfiles más alineados con el choque institucional. La normativa interna establece que cada candidato debe recabar el respaldo de al menos una quinta parte del censo de afiliados en la ciudad. El sistema permite que los militantes avalen a más de un contendiente, lo que diluye el valor de esta fase como predictor del voto definitivo, pero consolida el mérito de ser el más veloz. La campaña propiamente dicha determinará si el control del aparato barcelonés basta para imponerse en las urnas internas.
El calendario fija las votaciones para el penúltimo fin de semana de junio, concretamente los días 20 y 21. Si el guion establecido por la organización no sufre alteraciones de última hora, el partido desvelará el nombre de su cartel electoral esa misma tarde de domingo. El ganador tendrá la compleja tarea de articular una alternativa al actual gobierno municipal, dominado por las fuerzas de izquierda.
La pugna de Junts en Barcelona refleja la dicotomía habitual de un partido atrapado entre la gestión local y el discurso de la confrontación nacional. Mientras los sectores locales priorizan la reconstrucción de un espacio de centro-derecha centrado en los problemas reales de la urbe, la cúpula persistirá en su intento de utilizar la capital como otro tablero de su particular pulso con el Estado. La candidatura de Martí Galbis representa, en gran medida, la resistencia de ese municipalismo de orden frente a los experimentos ideológicos de la dirección.
El éxito inicial de Martí Galbis le sitúa en una posición ventajosa, pero la campaña interna suele deparar sorpresas cuando las presiones organizativas entran en juego. La militancia tiene en sus manos decidir si prefiere un candidato enfocado en Barcelona o un mero peón de la estrategia global de su partido.
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