El servicio de Rodalies de Cataluña volvió a rozar la tragedia este pasado sábado debido a un fallo de seguridad intolerable. Un vagón de obras se desfrenó de madrugada en la línea R4 a la altura de Sant Sadurní d’Anoia y circuló a la deriva, y sin ningún tipo de control, a lo largo de 20 kilómetros, tal y cómo relató RAC1. El peligroso trayecto finalizó cuando el vehículo pesado terminó impactando contra una vía muerta en la estación de Castellbisbal, un suceso que evidencia el alarmante estado de abandono que sufre la red ferroviaria.
El incidente, ocurrido alrededor de las cinco y media de la mañana, no provocó una desgracia mayor únicamente por cuestiones de azar y horario. A esa hora temprana de la jornada, la frecuencia de paso de los convoyes de pasajeros es todavía muy reducida, lo que evitó una colisión frontal de consecuencias imprevisibles. Aun así, el siniestro obligó a cortar parcialmente la línea y a mantener la circulación por una única vía durante toda la mañana del sábado, sumando un nuevo episodio de retrasos a la ya desesperante rutina de los usuarios catalanes.
La gestión del Ministerio de Transportes y de Renfe queda, una vez más, retratada ante una opinión pública hastiada de promesas incumplidas y planes de inversión que nunca llegan a materializarse. Mientras el Ejecutivo central se pierde en la retórica política y en el blindaje de sus socios, la infraestructura básica del día a día se degrada hasta niveles tercermundistas. Permitir que un vagón de obras circule libremente por las vías durante kilómetros demuestra fallas muy graves en los protocolos de mantenimiento y supervisión de la empresa pública.
Por si fuera poco, la jornada negra de Rodalies se completó por la noche con una tragedia mortal en Cerdanyola del Vallès. Una persona perdió la vida tras ser atropellada por un tren en un punto de paso no autorizado, lo que obligó a paralizar por completo la circulación de las líneas R4 y R7 durante varias horas, tal y cómo recogió Nació Digital. Este cúmulo de desgracias e incidencias constantes vuelve a poner de manifiesto que el sistema ferroviario catalán, lejos de avanzar hacia la modernización que promete la izquierda, se encuentra sumido en un colapso permanente.
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