Hace unos años se hicieron públicas unas escuchas judiciales [noviembre 2020] que son todo un ejemplo de cuál es la visión que el independentismo gubernamental tiene de los medios de comunicación públicos de la Generalitat, sobre todo de TV3. El hombre de confianza de Artur Mas durante años, David Madí, fue ‘cazado’ hablando con la periodista estrella del entorno neoconvergente, Pilar Rahola, sobre la televisión de la Generalitat como si fuera una cosa propia.
Rahola acusaba al director de TV3, Vicent Sanchis, de ir reduciendo su cuota de pantalla semanal, mientras Madí le daba la razón y hablaba de como la gestión de Sanchis desagradaba a buena parte de la actual cúpula de Junts per Catalunya, y le acusaba de estar tonteando con Esquerra Republicana.
Sanchis, que a lo largo de su mandato como director de TV3 pilotó a la cadena como la principal herramienta propagandística del ‘procés’, les parecía a Rahola y Madí poco “comprometido” con la causa de Puigdemont. Por supuesto, en esta famosa conversación no salió que TV3 ha dejado de ser un servicio público, y que se ha convertido en otra cosa.
Ni a ERC, ni a JxCAT, ni al PSC les interesa la televisión de la Generalitat como una herramienta al servicio de todos los ciudadanos. Su pugna por el control de esta cadena se entiende en solo una clave: aumentar su poder gracias a la gran potencia que TV3 tiene sobre el sector independentista de la población catalana y sobre el sector audiovisual de esta comunidad autónoma.
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