En octubre de 2017 parecía que el totalitarismo del separatismo catalán se podía salir con la suya y toda España se volcó con la Cataluña constitucionalista para parar el golpe de Estado, con el Rey Felipe VI a la cabeza. Pero el valor no es marca del independentismo, y una vez que sus líderes vieron que se podían quedar sin nómina y sin enchufar a media familia en la Generalitat, recularon y solo se limitan a jurar que “lo volverán a hacer”.
Los políticos separatistas gozan de la impunidad que les ha garantizado Pedro Sánchez, que además está intentando desarmar al poder judicial para que nunca vuelva a plantear resistencia a los golpistas que intentan destruir nuestro sistema de libertades. De ahí que la Fiscalía y la Abogacía del Estado se estén empleando a fondo como fuerza de choque contra los jueces que intentan defender nuestro marco normativo.
Los partidos secesionistas no tienen el coraje para romper España, pero sí para oprimir a millones de catalanes; para privarles de su derecho a que sus hijos estudien en español; para obligarles a pagar una televisión pública, TV3, que les insulta; para crear todo tipo de chiringuitos y ‘embajadas’ en los que enchufar a sus adeptos mientras la Sanidad y la Educación se caen a cachos; para convertir las escuelas públicas de media Cataluña en centros de adoctrinamiento infantil o para condenar a la muerte civil a aquellos que osen oponerse a la proliferación de lazos amarillos y de pancartas de “libertad presos políticos”.

El totalitarismo no puede vencer
Por eso han pactado con Sánchez la impunidad, para poder oprimir a los millones de catalanes que no son independentistas. Y por la misma razón pedimos al resto de españoles que no nos olviden. Porque Aragonès, Puigdemont, Junqueras, Rovira o Rull siguen despreciando a los que no piensan como ellos. Siguen intentando convertir a los catalanes no separatistas en ciudadanos de segunda, menospreciando la lengua española, demostrando que las administraciones públicas son solo suyas e ignorando a los que no piensan como ellos.
Si nuestros compatriotas nos dejan solos, y no apoyan los esfuerzos del constitucionalismo catalán, conseguirán que Cataluña pase a ser de la semidictadura que es ahora, a un totalitarismo integral. El nacionalismo es persistente y nunca se detiene para conseguir sus objetivos políticos. Ayúdennos a que Cataluña sea cada día más española, y pueda volver a ser un motor de nuestro país, y no lo que es ahora, una rémora. No nos olviden.
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