Torrent, Puigdemont y el Rey Sol

No hay nada más urgente hoy en España, que restaurar la verdad en Cataluña. ¿Es que nadie dará una lección de filosofía política en el Parlamento de Cataluña sobre lo que es y no es un Estado de Derecho? ¿Es que todos han aceptado impotentes que nacionalistas y constitucionalistas vivan en realidades paralelas? ¿Es que ponen en un mismo plano de igualdad la existencia de golpistas institucionales contra la democracia, que la existencia de quienes se rigen por el Estado de Derecho? ¿Todo es relativo?

Con el Teniente Coronel Tejero todo estaba claro, pero con la transmisión de la operación galaxia del procés retransmitida durante años por TV3 y diseñada con el dinero público desde el Gobierno mismo de la Generalidad y el Parlamento de Cataluña, todo evanescente y disculpable. Algo no cuadra.

¿Es que todos han olvidado las raíces culturales de la civilización occidental basadas en la búsqueda de la verdad a través de la razón y el conocimiento científico? ¿cómo es posible que hayan permitido a los nacionalistas apoderarse del lenguaje y retorcerlo hasta obligarle a decir lo que quieren sin que nadie en el Parlamento le dé una lección magistral de lo que es la democracia?

No hay nada más urgente en Cataluña que volver al espíritu de los griegos, recordar a los pioneros y herederos del contractualismo, Thomas Hobbes, John Locke, Rousseau, Montesquieu, I.Kant, John Rawls, Habermas… para explicar a estos pervertidores de palabras lo que era el poder absoluto y lo que costó llegar a la separación de poderes y el Estado de Derecho.

Cataluña entera tiene que saber que estamos en manos de unos analfabetos, unos irresponsables o de unos malvados, y obrar en consecuencia. No puede ser que todo un presidente del Parlamento se permita enaltecer al Rey Sol contra el Estado de Derecho, y sus seguidores se lo traguen sin rechistar.

Y lo que es peor, confundan esa deposición con la dignidad de Cataluña, y ésta, con la democracia. Reparen: “Ningún juez, ni ningún Gobierno, ni ningún funcionario tiene la legitimidad para cesar, y menos perseguir, al president de todos los catalanes“, soltó Roger Torrent ayer domingo para enaltecer al sedicioso Puigdemont detenido en Alemania.

No sabíamos que los poderes de Carles Puigdemont podían ser equiparados al Rey Sol, ese poder absoluto por encima del bien y del mal, no sujeto a ley alguna, ni siquiera a la separación de poderes. No sabíamos que “su” república catalana volvía a estar en el Antiguo Régimen.

Aunque parezca mentira, hoy, en Cataluña habrá que empezar por explicar lo que es un Estado de Derecho, la separación de poderes, el sentido de una Constitución democrática… No es necesidad de ahora, viene de lejos. Esa carencia nos ha traído hasta aquí. No es cuestión de opiniones, ni de relativismo, ni de votos, es cuestión de conocimiento.

La gente tiene derecho a conocer las señales de tráfico para poder circular con seguridad, los ciudadanos necesitan saber que un Stop es parada obligatoria, y que una Democracia no es el anuncio de Ikea (La República de tu casa), sino un constructo basado en la ley que hemos convenido para no matarnos. Tiene sus reglas, entre ellas, la lealtad a la Constitución que nos hemos dado todos.

Este es el problema: hoy hay media Cataluña que está convencida de encarnar la democracia, de atesorar su dignidad, y furiosa con un Estado opresor y antidemocrático. Y por lo mismo, no tienen sentido de culpabilidad, ni de violar ley alguna, entre otras cosas, porque la ley son ellos.

¿No se atreverán Inés Arrimadas, Miquel Iceta, Andrea levy… a darles una lección magistral sobre los pilares fundamentales de la democracia desde la catedral de la propia democracia, el Parlamento?

P.D. En 2015 ya expuse alarmado esta preocupación. Juzguen ustedes. Es preciso que nuestros parlamentarios tomen conciencia de la responsabilidad que tienen de hacer pedagogía. El mundo no es lo que es, sino cómo lo percibimos cada cual. Y hoy en Cataluña, millones de catalanes están convencidos de defender la democracia cuando en realidad, la están mancillando. Han de volver a confiar en la razón, en el conocimiento, en la ilustración.

Cataluña no es un rebaño de emociones. Deben dejar de hacer política partidista, para hacer pedagogía democrática. O los ciudadanos toman conciencia del valor del conocimiento, o nos despeñaremos todos juntos por el abismo de las emociones. Ya sé que es menos lucido, pero también mucho más provechoso.

Antonio Robles es portavoz de dCIDE

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
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